La intención de buscar productos más naturales, con menos procesos y químicos ha formado parte de la gastronomía por años. Pero no solamente para comer, también para beber. La ola de vinos orgánicos, biodinámicos y naturales ha llegado con fuerza. Por lo que cada vez será más común ver estas opciones en tiendas y restaurantes.

Suele haber un poco de confusión respecto a lo que hace que un vino sea orgánico, natural o biodinamico, así que aclararemos las principales diferencias para que la próxima vez que salgas a cenar y te ofrezcan alguna de estas opciones te conviertas en la persona más interesante de la mesa.

Vino orgánico

Su característica principal está en que este tipo de vino recibe el título por sus ingredientes. Lo que le da el nombre de orgánico a un vino es que sus uvas son cultivadas sin fertilizantes ni pesticidas con químicos artificiales, pero una vez recolectadas, el vino se produce de la misma forma que el resto. El grado de cuidado en el proceso del vino cambia dependiendo el país. Por ejemplo, hay lugares en el mundo los que no pueden agregar sulfitos (compuestos del azufre que ayudan a conservar los productos por más tiempo), pero otros en lo que sí.

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¿Sabe distinto al vino ordinario? La respuesta es no, el perfil de sabores de los vinos orgánicos es igual a la de los demás. Lo que sí es que debido a la falta de químicos en las uvas pueden llegar a tener una mayor calidad.

Vino Natural

vino natural
Griselle Montejo

El vino natural es una forma de hacer el vino que se asemeja mucho a la de los primeros vinos del mundo, intentando que durante el proceso haya la menor intervención humana posible.

Aunque la mayoría de los productores procura utilizar uvas orgánicas, no es un requerimiento. Se hace la recolección manual, el mosto se hace de forma rústica y después se fermenta con levaduras nativas —levaduras que se producen de forma natural en el ambiente de una bodega. Una vez fermentado, tampoco se clarifica, filtra ni estabiliza usando químicos y obviamente tampoco se le añaden sulfitos. Al no tener químicos añadidos, el vino natural es uno de las bebidas alcohólicas que producen menos resaca.

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¿A qué sabe? Los sabores son distintos, el vino natural es más fresco, se perciben claramente las notas de fermentación y algunos no disfrutan que sea más ligero. Visualmente suele ser brumoso porque tiene un poco de sedimentos.

Vino biodinámico

vinos orgánicos, naturales y biodinámicos
Griselle Montejo

Los vinos biodinámicos derivan de la agricultura biodinámica —un movimiento que inició el filósofo austriaco Rudolf Steiner a inicios de la década de 1920— que fue la primera forma de agricultura sin químicos en el mundo. Se hace a partir de un calendario de cultivo que toma en cuenta el calendario lunar y las influencias astrológicas. La idea detrás de esto es que todo en el universo está interconectado y funciona como un sistema, así que la agricultura se conecta con los movimientos de la tierra, creando una resonancia entre el vino, la tierra, los astros y el hombre.

La biodinámica suele iniciar en el viñedo, antes de que se comience a fermentar la uva. Entre sus principales procesos está el de plantar, podar y recolectar siguiendo el calendario biodinámico. Su calendario, creado por Maria Thun divide los días en cuatro categorías: raíz, fruto, flor y hojas.

Además del calendario biodinámico, tampoco se le añaden químicos (ni siquiera levadura comercial), aunque sí se permite clarificarlo y agregar estabilizantes —como sulfitos—.

En términos de sabor en realidad no existe una diferencia marcada entre los vinos biodinámicos y el resto, de hecho en varias catas a ciegas profesionales no han podido distinguir entre una bebida biodinámica y una regular. Pero el proceso de agricultura que conlleva el vino y la falta de químicos suele notarse en una calidad superior.