
Las Moradas de San Martín está en la vertiente madrileña de la sierra de Gredos, en San Martín de Valdeiglesias. El proyecto arrancó en 1999 con un propósito concreto: recuperar las antiguas garnachas de la zona y elaborar vinos que expresaran el carácter de sus parcelas. Hoy forma parte del Grupo ENATE y trabaja el Pago de los Castillejos, un viñedo de altura en el que conviven cepas de garnacha —algunas centenarias— y Albillo Real, variedad blanca ligada históricamente a la localidad. La bodega elabora sus vinos con uvas ecológicas y vendimia manual.
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El suelo arenoso y granítico, la altitud y las diferencias de temperatura entre el día y la noche se perciben en la copa. Las garnachas se cultivan en vaso y en secano; el Albillo Real, que durante años tuvo una presencia cada vez menor, ha ganado espacio en el proyecto. También hay un vínculo literario: el nombre de la bodega remite al libro de Santa Teresa de Jesús y sus etiquetas incorporan relatos de escritores como Lorenzo Silva, Ángeles Caso y Andrés Trapiello.
Isabel Galindo y su viña entre granito y pinares
Isabel Galindo se incorporó a Las Moradas en 2002. Es ingeniera agrónoma, tiene un máster en viticultura y enología y dirige el trabajo técnico de la bodega. Su conocimiento abarca cada etapa, desde la poda y el cuidado de la viña hasta la vendimia y la crianza.

Al hablar de las parcelas, Galindo explica cómo cambian las garnachas según el suelo, la edad de las cepas y la altura. En sus decisiones conviven la observación y la experiencia: el momento de vendimia, el trabajo en el viñedo y la crianza terminan definiendo el perfil de cada vino. En una entrevista comparó la satisfacción de recibir elogios por sus vinos con oír que alguien dice lo listo y guapo que es tu hijo. La broma deja ver el vínculo que mantiene con su trabajo y con cada añada.
Garnachas de parcela y de guarda
Senda Eco representa el perfil más fresco de la Garnacha de la casa. Procede de parcelas de entre 40 y 85 años, asentadas sobre suelos arenosos con grava y roca. La bodega destaca su carácter frutal y floral y el uso comedido del roble. Se embotella sin filtrar ni estabilizar, con la intención de conservar la expresión directa de la uva y del viñedo.
Initio Eco parte de garnachas más viejas, de entre 50 y 112 años, plantadas cerca de los 900 metros. La crianza en barrica aporta estructura, mientras que la mineralidad del pago y unos taninos sabrosos sostienen el conjunto. Es un tinto más profundo que Senda, con mayor capacidad de guarda, y permite apreciar cómo la edad de las cepas modifica la expresión de la misma variedad.

La gama se completa con La Sabina, elaborado con garnachas de más de 70 años y conocido por una crianza sin adición de sulfuroso, y Las Luces, un vino de guarda que la bodega reserva para las añadas que considera excepcionales. En este último, la fruta de bosque se acompaña de notas balsámicas, regaliz y grafito. Son dos elaboraciones que exploran una dimensión más concentrada y longeva de la Garnacha.
Dos expresiones del Albillo Real
La evolución más llamativa de la gama está en los blancos. Albillo Real Eco, con seis meses en barricas usadas de roble francés, combina aromas de pera, orejones y pomelo dulce. En boca tiene volumen y untuosidad, con una salinidad mineral y un final ligeramente amargo, propio de la variedad. Es una versión que conserva frescura, aunque su paso por madera le da textura.
Ensayo Eco lleva la experimentación más lejos: se cría durante 20 meses en barricas de roble francés de 500 litros y busca una expresión más compleja del Albillo Real. Aparecen el membrillo, la pera, las flores blancas, la miel y los frutos secos. La bodega lo produce en cantidades limitadas y lo plantea como un vino con capacidad de envejecimiento.

La gama muestra dos caminos que conviven en Las Moradas: profundizar en la Garnacha, variedad que define el paisaje de San Martín, y devolver protagonismo a un blanco histórico de la zona. El Albillo Real ya no ocupa un lugar secundario: tiene dos elaboraciones con perfiles distintos y una presencia propia dentro del proyecto.
Una botella para recuperar Gredos
La bodega ha puesto en marcha SENDA para Gredos tras el incendio del verano de 2026, que afectó al paisaje de San Martín de Valdeiglesias, aunque no a sus instalaciones ni a sus viñedos. Por cada botella de SENDA ECO vendida durante la campaña, destinará un euro a la Fundación FIRE para contribuir a la recuperación de los ecosistemas. Cada seis botellas financiarán el coste de plantar un árbol y la recaudación podrá consultarse en la web de la bodega.
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