Santomar: así impulsa la acuacultura regenerativa en México
Granja marina Santomar | Foto: Juan Pablo Espinosa

Durante décadas, el mar fue visto como una fuente inagotable de recursos. Sin embargo, la sobrepesca, el deterioro de los ecosistemas y la creciente demanda de productos del mar han obligado a replantear la forma en que obtenemos nuestros alimentos. En este contexto, Santomar propone un modelo donde la ciencia, la innovación y la sostenibilidad trabajan de la mano para demostrar que es posible producir pescados y mariscos de alta calidad sin comprometer el futuro de los océanos.

La empresa nació como resultado del rebranding de Earth Ocean Farms, un nombre que ya no reflejaba la evolución del proyecto ni su apuesta por especies nativas como la totoaba y el huachinango. Con una identidad enfocada en el mercado mexicano, Santomar busca consolidarse como un referente en acuacultura regenerativa mediante un modelo de producción que integra investigación científica, bienestar animal, trazabilidad y conservación.

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Totoabas recién pescadas | Foto: Juan Pablo Espinosa

Su propuesta reúne tres líneas de producción que responden a necesidades distintas, pero comparten la misma filosofía: la totoaba, cuya crianza contribuye a la recuperación de una especie emblemática del Golfo de California; el huachinango, considerado uno de los mayores desafíos técnicos de la acuacultura por la complejidad de su desarrollo; y los ostiones, cuyo cultivo depende del equilibrio natural de los ecosistemas marinos de Baja California.



Más que producir alimentos, Santomar desarrolla procesos donde cada etapa es monitoreada cuidadosamente. Desde los laboratorios de reproducción y larvicultura hasta las granjas marinas y las plantas de procesamiento, el objetivo es garantizar que cada ejemplar crezca bajo condiciones controladas que favorezcan su bienestar y la calidad final del producto.

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Pablo Konietzko, acuacultor y biólogo marino al frente de Santomar | Foto: Juan Pablo Espinosa

Uno de los pilares del proyecto es la trazabilidad. Cada pescado u ostión puede rastrearse desde su origen hasta su procesamiento, permitiendo conocer dónde fue cultivado, cómo se desarrolló y bajo qué estándares fue manejado. Este sistema está respaldado por certificaciones internacionales como ASC (Aquaculture Stewardship Council) y BAP (Best Aquaculture Practices), que evalúan aspectos relacionados con la sostenibilidad ambiental, la seguridad alimentaria y el bienestar animal.

La visión de Santomar también contempla la regeneración de los ecosistemas. En el caso de la totoaba, la empresa participa en programas permanentes de repoblamiento que han permitido liberar cientos de miles de ejemplares en el Golfo de California, contribuyendo a la recuperación de una especie que permaneció vedada desde 1975 debido a la sobrepesca.

La integración con Ostiones Sol Azul fortaleció además la experiencia del grupo en el cultivo de moluscos bivalvos. Con más de tres décadas de trabajo en Baja California, el proyecto aprovecha las condiciones naturales del Pacífico para producir ostiones cuya calidad depende directamente de la pureza del agua, las corrientes marinas y la riqueza mineral del entorno.

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Huachinango en el criadero | Foto: Juan Pablo Espinosa

Para Santomar, la acuacultura no consiste en reemplazar a la naturaleza, sino en comprenderla. La investigación científica, el monitoreo constante y el respeto por los ciclos biológicos permiten desarrollar un modelo que busca equilibrar productividad y conservación, demostrando que el futuro de los productos del mar puede construirse desde la innovación y la responsabilidad ambiental.

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