
Hay una feria de vino donde una va a catar en serio, con las botas puestas —las de generosos, en concreto—, dentro de la escenografía del Real Alcázar de Jerez: el sitio donde un palo cortado de 30 años parece exactamente lo que es, patrimonio vivo.
La vermutería del sherry, el espacio que democratiza los vermús con vinos generosos
Como servidora, por Vinoble, el Salón internacional de vinos nobles, generosos y dulces, pasaron 7.389 profesionales, más de 5.000 acreditados de 40 nacionalidades y la confirmación de que este formato con catas de alto nivel no tiene equivalente en ningún otro lugar. Para que luego en España sea donde menos se los valora.
El Alcázar como argumento y la cooperación europea como novedad
Por suerte, este año pudimos aprovechar todo el fin de semana para probar más vinos, pero lo que convirtió a esta edición en algo más que una feria de vinos fue lo que ocurrió en paralelo a las copas: la firma de la Declaración de los Vinos Fortificados Históricos de Europa, con representantes de cinco regiones productoras —Samos en Grecia, Marsala en Italia, los Vins Doux Naturels franceses, Oporto y Jerez—, y una reunión de trabajo para avanzar en la candidatura al Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.
Que eso suceda en un alcázar árabe andaluz mientras una copa de Victoria Regina Oloroso V.O.R.S. espera sobre la mesa tiene una coherencia poética que las declaraciones institucionales rara vez alcanzan.

Las once experiencias gastronómicas, las dieciocho catas en la Mezquita y la Sala del Molino de El Alcázar —con más de 800 inscritos— y la cata maridada en los Claustros de Santo Domingo, con 180 asistentes como novedad de este año, configuraron un programa donde el conocimiento se bebía tan bien como los vinos de Santiago Jordi: el enólogo que reivindica lo que casi se olvidó.
Y es que en Vinoble, los 67 espacios expositores de hasta ocho países diferentes dan esa universalidad geográfica que lo distingue de un salón meramente regional: aquí el generoso de Jerez convive con el vino dulce de Samos o de Canarias, el quitapenas de Málaga y los espumosos de Pedro Ximénez de Córdoba sin que nadie se sienta fuera de lugar.
Crianza biológica con personalidad: lo que pasa cuando el enólogo tiene criterio propio
El fino es el vino más malentendido de Jerez. En su versión industrial, es uniforme y correcto. En su versión artesanal o de pago, puede ser cualquier cosa menos predecible. Vinoble 2026 reunió varias de sus expresiones más interesantes.
Caberrubia Fino — Bodegas Luis Pérez
Procede de viñas de albariza del pago de Carrascal, Viña El Corregidor, y resulta ser más frutal y expresivo que los finos tradicionales del Marco. Luis Pérez, el enólogo, firma aquí un vino con manzana cocida, melocotón, limón, curry, nueces y notas yodadas que en boca se expande con amplitud, salinidad bien integrada y un postgusto largo y evocador. Para quien piense que todos los finos saben igual: este es el argumento contrario.
Meridiano Perdido Palma Cortada — Meridiano Perdido
El estilo «palma cortada» —variante del palo cortado con perfil más fino y punzante— apareció aquí con fruta de hueso, membrillo y pomelo, fondo mineral y cítrico. Una declaración de intenciones de esta bodega que lo hace todo con una lealtad filosófica a la idea de dejarse entender y beber.
La Inglesa Fino Pasado — La Inglesa (Montilla-Moriles)
El fino pasado es esa zona liminal donde el vino ya no es del todo fino, pero tampoco ha llegado aún a amontillado. Aquí hay almendra, pan fresco, masa, madera fina y un fondo oxidativo de gran elegancia. Seco y de gran longitud en boca. Es un vino para quien entiende que la transición también tiene valor por sí misma, sin necesidad de llegar a ningún destino definitivo.

La manzanilla también tuvo su representación de escuela: Los 48 de Antonio Barbadillo recupera unas sacas de su familia que solo va a vender en magnum, donde la crianza bajo velo de flor se expresa con mayor uniformidad y conlleva esa finura atlántica característica del estilo de Sanlúcar —almendra tostada, levadura, yodo, sal, final amargoso y fresco— que solo el microclima de la desembocadura del Guadalquivir puede producir.
Los generosos que hacen historia: cuando el tiempo es el ingrediente
Pasarse por los stands del Consejo Regulador de Jerez a probar los V.O.R.S. en Vinoble es obligación y privilegio simultáneo. Estas siglas —Very Old Rare Sherry, crianza certificada de más de 30 años— son el documento de identidad de los vinos más longevos del Marco de Jerez, y en esta edición dos de ellos representaron con rotundidad lo que puede hacer el tiempo cuando trabaja con materiales nobles.
Wellington Palo Cortado 30 Years V.O.R.S. — Bodegas Hidalgo-La Gitana / Vinos Viejos de Hidalgo
Uno de los palos cortados de referencia del panorama jerezano. Es la conjunción perfecta entre la delicadeza punzante del amontillado y la vinosidad redonda del oloroso. No hay atajos posibles: esto solo lo da el tiempo.
Victoria Regina Oloroso V.O.R.S. 30 años — Bodegas Diez-Mérito
Solera fundada en 1876, crianza certificada de más de 30 años, 20 % vol. alcanzados de forma natural. Lo que llega a la copa es potencia y redondez en equilibrio improbable. Es el tipo de vino que hace pensar en quién lo puso en solera por primera vez y qué esperaba conseguir. Más de un siglo después, la respuesta está en la copa, brutal.
La vermutería del sherry, el espacio que democratiza los vermús con vinos generosos
Santi Jordi y las añadas de Patrick Murphy
El proyecto Patrick Murphy de Santi Jordi es un hitazo lo mires por donde lo mires, empezando por su espumoso brut de pago Miraflores Brut Nature 2021, y siguiendo por las botas Ballesteros de Pago Marcharnudo y Bota Galeano, de Pago Balbaíno, que son una auténtica virguería en el paladar.
En su línea más prolífica y para todos los paladares, hay que probar desde sus vinos de pasto —como la Marigüilla blanco de albariza— hasta sus vinos de la Tierra de Cádiz para Huerta de Albalá: el tinto Taberner Selección Especial 2019 o sus dos blanc de noirs: el Taberner Blanc de Noir 2024, elaborado con 100 % Merlot, y Hacienda La Quintería Blanc de Noir de Pinot Noir y otras variedades locales, los más sureños de Europa.
Montilla-Moriles y la PX que sirve para todo: espumoso, seco, dulce y vermut
Una de las revelaciones recurrentes de Vinoble es constatar que el Pedro Ximénez —esa uva que el gran público asocia casi en exclusiva al vino dulce oscuro para el postre— puede ser también espumoso, fino bajo velo de flor, vermut artesanal o blanco seco de montaña.
Un gran ejemplo es Bodegas Alvear, que lo mismo te hace un vermú profundo y especiado que el vino de pueblo Tres Miradas, Paraje de Río Frío Alto, que cada año se supera con ese blanco seco de Pedro Ximénez bajo velo de flor: boca seca, fresca, mineral y muy larga.

Otro protagonista de Vinoble es el Robles Ecológico Brut Nature de Bodegas Robles (Montilla-Moriles), con versiones de 18, 24 y 36 meses in crescendo, es uno de los 50 mejores espumosos del mundo según la crítica especializada. Aromas de panadería, levaduras, fruta tropical y notas melosas en una boca fresca, envolvente y con final largo. Sus vermús y sus vinos generosos son la gama perfecta para iniciarse sin miedo en estos vinos.
Curioso también el Pompeyo fino en rama 7 años de Navisa, con esa ligera turbidez que indica que nadie ha intervenido para hacerlo más fotogénico. Las levaduras del velo de flor mandan en nariz con punzancia fresca, lías, almendra amarga y notas yodadas. 92 puntos en la Guía Peñín: una muestra del carácter del terruño sin filtros ni contemplaciones.
El Fino en Rama Lagar de los Frailes nunca defrauda, con una crianza superior a 7 años en las albarizas de Moriles Altos y ese color amarillo pálido con reflejos verdosos que ya anuncia lo que viene: un trago untuoso, mineral, fresco y persistente.
Más allá del Marco: volcanes, moscateles y blancos de noir gaditanos
Que Vinoble también sea plataforma para los vinos del sur que no son Jerez es una de sus virtudes más claras. Bodegas Teneguía presentó dos expresiones de Malvasía de La Palma que demostraron la potencia y la singularidad del terruño volcánico canario: el Teneguía Malvasía Seco 2024 y su versión aromática dulce natural de 2024 como contrapunto goloso.
Y un gran descubrimiento fue el Hereditas Moscatel Dulce de Vendimia Asoleada de Fabio Coullet (D.O. Málaga), Moscatel de Alejandría sometida a asoleo tradicional, con cítricos, piel de naranja, jazmín, fruta asada y miel. En boca es concentrado, goloso, equilibrado y de final muy persistente.
Tres bodegas, más que tres vinos
El stand de Ximenez Spínola en Vinoble es un túnel sin fondo donde puedes enamorarte de la versatilidad de la Pedro Ximénez sin apenas sentir su dulzor, gracias a la investigación que lleva a cabo desde 1729 la familia Spínola, por la que obtuvo la primera Denominación Varietal concedida en España. Un universo completo que va del espumoso al vinagre, pasando por vinos de añada, de crianza oxidativa y las rarezas más envejecidas, como el Exceptional Harvest o el Palo Cortado, que sale cuando surge y mueres de placer.
Hay bodegas de las que es muy difícil escoger un vino, pero en esta edición me sorprendieron los vintage de Sánchez Romate (VOS de más de 20 años), con ese sensacional Amontillado Olvidado, seguido del Oloroso Encontrado y el Palo Cortado Escondido, un verdadero descubrimiento más allá de su vermú y de sus reservas especiales, que degustamos cada año en la fiesta de su bodega. Mención especial, entre todo su catering: el Obrador Helado con esa sensacional muestra de helados artesanos combinados con los vinos y vinagres de la bodega. ¡De premio!

Otra fiesta imperdible es la de Bodegas Tradición, la única bodega de Jerez que embotella exclusivamente vinos muy viejos, con toda su gama certificada en las categorías V.O.R.S. y V.O.S. Además, alberga la mayor pinacoteca privada de España con obras de Goya, Velázquez y Zurbarán. En sus patios se celebró un maridaje de excepción: los menús de dos de los restaurantes más destacados de la escena jerezana actual —Tuga, Matria y Distinto—, armonizados con los vinos de la casa, desde el Fino y el Fino de Guarda Tradición, pasando por el Amontillado Tradición y el Oloroso Tradición, de final larguísimo.
La próxima edición de Vinoble ya tiene la vara alta. Que la supere será cuestión de seguir haciendo lo que ha hecho hasta ahora: tratar estos vinos como lo que son, vinos que cuentan una historia de territorio, tiempo y oficio que merece más atención de la que reciben. Aquí los tienes. Lo único que hace falta es que los valoremos en España.
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