En el universo del placer adulto, pocos rituales resultan tan contemplativos y sofisticados como el encuentro entre un buen puro y un gran ron. Casi de forma natural, ambos comparten un hilo conductor: tiempo, paciencia, origen y carácter. Si el tabaco exige calma y atención, el ron, y particularmente el mexicano, responde con una complejidad aromática que lo convierte en un aliado idóneo para acompañar la combustión lenta de una hoja de tabaco perfectamente torcida.
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México, históricamente opacado por gigantes caribeños en la producción de ron, vive hoy un momento de reivindicación. Destilerías en Veracruz, Tlaxcala o Oaxaca están apostando por procesos más cuidadosos, añejamientos prolongados y perfiles sensoriales más profundos y que hablen de nuestro territorio. El resultado: rones elegantes, estructurados y con una identidad propia, capaces de sostenerse (y destacar) frente a los mejores puros del mundo, y donde, definitivamente, los habanos llevan mano.
Por ello queremos proponerte el maridaje ideal entre tres rones mexicanos de alta calidad con un puro mexicano y dos habanos que, estamos seguros, te deleitarán.

Ron Cuatro Volcanes añejo con puro “María Bonita” de Mestizo Tabaco
El ron añejo de Cuatro Volcanes es un interesantísimo proyecto hecho en Tlaxcala por Ernesto “Neto” Vargas, con una doble destilación y hecho con la mejor panela (piloncillo) de la región de la sierra Norte de Puebla. Es un destilado fino con el espíritu de los cañales de nuestra República Mexicana, producido de forma totalmente artesanal, con agua filtrada por los volcanes milenarios del valle de Tlaxcala- Puebla.
Por eso es ideal para maridarse con el puro mexicano “María Bonita” de Mestizo Tabaco, un proyecto creado por Manolo Mestizo que combina lo mejor de las hojas de tabaco negro de Los Tuxtlas, Veracruz, con capas traídas de Nicaragua, Cuba, Honduras y Dominicana.
Aquí, la conversación ocurre con acento nacional. El ron, con notas de caramelo tostado, vainilla y un sutil dejo especiado, encuentra eco en el perfil del puro de Mestizo: terroso, con matices de cacao, café y madera húmeda, gracias a su tripa y capón de tabaco negro nacional con una fina capa de tabaco nicaragüense. La textura sedosa del destilado suaviza la intensidad del tabaco, mientras que su dulzor natural resalta las notas más profundas del puro. Es un maridaje armónico, casi introspectivo, donde ninguno busca imponerse, sino acompañarse.
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Viña Rica Ron 23 Años Edición Oro con Cohiba Siglo II SLB
En una búsqueda más clásica, el ron veracruzano Viña Rica 23 años edición Oro se conjuga con el icónico Cohiba, que justo este 2026 cumple 60 años de fundación y que sin duda, se ha consolidado como el epítome del lujo y la exquisitez en el mundo de los habanos cubanos. El maridaje es propuesto con su Siglo II SLB. Este es un diálogo entre tradición y sofisticación. El ron, envejecido durante más de dos décadas, despliega capas de frutos secos, miel oscura, cuero y roble fino.
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El Cohiba, por su parte, ofrece una fumada precisa, con notas de cedro, especias dulces y un fondo cremoso. Aquí, el maridaje funciona gracias a las notas maduras del ron que amplifican la elegancia del puro, mientras que su persistencia en boca prolonga la experiencia. Es un maridaje que exige pausa, atención, presencia. Ideal para quienes entienden el lujo como una forma de tomarse el tiempo.

Ron Mocambo Solera Añejo 25 Años con Hoyo de Monterrey Epicure No. 2
Finalmente, el Ron Mocambo Solera añejo 25 años se presenta junto al Hoyo de Monterrey Epicure No. 2, en un maridaje que privilegia la suavidad y el equilibrio. El ron, redondo y accesible, con notas de vainilla, coco tostado, frutas maduras y un ligero toque de chocolate, se funde con la naturaleza amable (suave) del Epicure No. 2: un puro de fortaleza media, con sabores de nuez, crema y un sutil dulzor vegetal. La clave aquí es la complementariedad: el ron acompaña y potencia, para elevar la experiencia sin saturar el paladar. Es, quizá, el maridaje más hedonista de los tres.
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Más allá de las combinaciones específicas, lo que estos maridajes proponen es revelar el potencial del ron mexicano como protagonista en la escena del maridaje con puros y habanos. Su diversidad de estilos, su riqueza aromática y su creciente sofisticación lo convierten en una opción inigualable.
Es entender que, fumar un puro y beber es una pausa deliberada en medio del vértigo, un tiempo de disfrute y atención plena. Y en ese territorio, el ron mexicano tiene mucho que aportar, sobre todo cuando se marida con puros y habanos de tanta calidad.

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