Romina Argüelles: curiosidad como brújula
Romina Argüelles | Foto: Juan Pablo Espinosa | Locación: Plonk

La copa se inclina apenas. El vino cae con suavidad y, antes de probarlo, Romina Argüelles ya ha dibujado el paisaje del que proviene. Habla de suelos vivos, de manos que trabajan en silencio, de producciones mínimas y filosofías que rehúyen la estandarización. Entre etiquetas poco convencionales y vinos de mínima intervención, su relato es una forma sutil de desafiar la norma. Pero lo que realmente caracteriza a la Sommelier de la Guía MICHELIN México 2025, es su capacidad para extender las alas y emprender el vuelo a lugares inexplorados en cielos hinchados de vientos de cambio, en rutas tan atípicas que conectan la mística selva chiapaneca con los 10 crus de la región francesa de Beaujolais.

Antes de los mapas vitivinícolas y los terruños, estuvieron la mesa familiar, las brasas encendidas y la conversación prolongada con acento hermosillense. Fue ahí donde comenzaron a formarse las memorias sensoriales de Carla Romina, heredera del nombre y de la curiosidad periodística de su abuelo Carlos: “Él siempre me abría la mente”, recuerda, mientras evoca aquellas tardes de vinos robustos de Ribera del Duero, hacia el final del siglo pasado. “De ahí viene mi amor por las mesas grandes con comida y vino porque son convivencia, intercambio, presencia. Un momento de conexión auténtica”. El vino, sin embargo, no llegó de inmediato, sino casi tres décadas después, cuando el tiempo ya había decantado otras búsquedas.

Romina Argüelles: curiosidad como brújula
Entre etiquetas poco convencionales y vinos de mínima intervención, el relato de Romina es una forma sutil de desafiar la norma. | Foto: Juan Pablo Espinosa | Locación: Plonk

“A Romina chiquita le diría que se puede encontrar el rumbo y que no importa que no lleves 15 años estudiando sobre vino, porque ese camino es para ti y al final te va a encontrar. El tiempo es relativo y lo verdaderamente importante es la pasión, desde donde vas a compartir el conocimiento”.



Su primer impulso profesional fue el movimiento. Viajar. Conocer. La hotelería apareció como una promesa lógica, aunque pronto entendió que no la conduciría a los territorios que buscaba. “He vivido muchas vidas en una sola”, dice con una sonrisa que ilumina la habitación después de una breve digresión sobre perfumes florales —otro de sus lenguajes íntimos—. Empezar “tarde” nunca fue un obstáculo y las andanzas de Romina, demuestran que mientras exista curiosidad, se forja el destino.

El verdadero punto de inflexión llegó lejos del concreto. En la profundidad verde de Tzimol, Chiapas, colaborando con la organización Tsomanotik. “En ese lugar sentí que renací, que después de muchos tropiezos volví a un camino que quería transitar. Descubrí que me importa cómo se cultiva la tierra y de dónde viene todo lo que consumo. Nunca había ido a Chiapas, pero una amiga me convenció y en medio de la selva, algo profundo cambió”. Casi una década después, esa transformación quedaría impresa en cada carta de vinos bajo su firma.

Este camino me encontró desde la humildad. Para mí, que alguien me diga que lo llevé a un descubrimiento inolvidable, vale más que cualquier diploma. Al principio no fue fácil, pero estoy contenta de romper estereotipos”.- Romina Argüelles

A dos horas de San Cristóbal de las Casas, cobijada por un valle sitiado por frondosos cañaverales, donde inicia el río San Vicente, aprendió la teoría detrás del nacimiento de un vegetal, del funcionamiento detrás de una cooperativa de café —otra de sus grandes pasiones— y sobre la lógica del campo, en comunidad con los habitantes originarios de esas tierras mayas y voluntarios internacionales atraídos por la exuberante selva y su sagrado pox.

“Llegué llena de dudas, pero estar ahí me dio una perspectiva más amplia de la vida y me hizo aprender de otras realidades, me hizo más sensible. Entendí la importancia de los productores, por eso mi enfoque en Plonk se dirige a sus creaciones, cada botella cuenta la historia de una familia, de cómo un terreno se convirtió en orgánico o biodinámico”.

Romina Argüelles: curiosidad como brújula
El retorno a la jungla asfaltada condujo a Romina a un pequeño hotel boutique en la colonia Roma, donde descubrió otra forma de hospitalidad, la de la escala humana, el detalle y la conversación | Foto: Juan Pablo Espinosa | Locación: Plonk

Regreso al terruño

El retorno a la jungla asfaltada condujo a Romina a un pequeño hotel boutique en la colonia Roma, donde descubrió otra forma de hospitalidad, la de la escala humana, el detalle y la conversación. Fue ahí donde el vino dejó de ser compañía para convertirse en oficio. La pandemia trajo una pausa abrupta y, con ella, la oportunidad de formar parte del equipo de un winebar que además puso frente a ella la posibilidad de un aprendizaje constante, más tarde vendrían las certificaciones y su obsesión por los espumosos.

Después de incontables horas copa, Romina sedienta de conocimiento, fundó en sociedad Plonk —nombre inspirado en el slang australiano de la Segunda Guerra Mundial que se refiere a un vino barato—, un espacio con influencias asiáticas y mexicanas que tiene como columna vertebral la propuesta enológica.

Rumbo al firmamento

Después de trazar su primer proyecto bajo sus propios términos, Romina Argüelles encontró su lugar entre las constelaciones de la Guía MICHELIN al recibir el Premio Sommelier de la Guía MICHELIN México 2025. Un reconocimiento que no llegó como un destino final, sino como la confirmación de un recorrido construido con paciencia, sensibilidad y una convicción profunda.

“Hay personas que han dedicado toda su vida a perseguir un título, pero para mí esta jornada ha sido increíble porque da valor a todo lo que he vivido y aprendido. Creo que el reconocimiento llegó porque se puede percibir que estoy enamorada de mi trabajo, que tengo el corazón puesto en Plonk y en esta carrera y que no lo hago desde un lugar pretencioso, quiero que el vino sea más accesible, quiero narrar de la mejor forma la historia detrás de cada etiqueta”.

Para Romina, el galardón otorgado por la prestigiosa guía Roja implica la responsabilidad de ser un referente para las nuevas generaciones, de mantener la calidad del servicio, de construir una selección que emocione y de sostener un diálogo honesto con productores e importadores. “Contar bien sus historias, tener sus vinos en la mesa y lograr acuerdos que sumen a todas las partes es algo que me entusiasma y me compromete. Los sueños se cumplen a pesar de no tener claro cómo. Tengo mucha suerte de haber vivido muchas vidas en una y el vino me enseñó que todo pasa por algo. Este no era un camino en línea recta sino con muchas bifurcaciones, las tomé sin saber a dónde iba a llegar y el vino me aterrizó en un lugar hermoso”.

Romina Argüelles: curiosidad como brújula
Después de trazar su primer proyecto bajo sus propios términos, Romina Argüelles encontró su lugar entre las constelaciones de la Guía MICHELIN al recibir el Premio Sommelier de la Guía MICHELIN México 2025. | Foto: Juan Pablo Espinosa | Locación: Plonk

Selección primaveral

Para Romina, los mejores vinos para descorchar en primavera tienen que ser espumosos, rosados o tintos ligeros y la frescura debe permanecer en la copa. “La temperatura es un factor indispensable esta temporada, mantenlos en el refri o en la hielera unas horas, incluso el tinto ligero lo recomiendo fresco. Los principales enemigos de los vinos de primavera son los taninos y el calor”.

Naturales y biodinámicos en tendencia

“Los vinos naturales son una tendencia muy fuerte porque los consumidores buscan cada vez más productos que no tengan químicos. Por otro lado, la enología biodinámica atiende a la necesidad de volver al origen, a la agricultura ancestral regida por los ciclos de la luna. Al final ambas tendencias buscan regresar a la naturaleza y conectar”.

  • Kung Fu Pét-Nat, Riccitelli Wines: una etiqueta inspirada en las culturas asiáticas. El productor propone un pét-nat en medio del clásico terruño de Malbec mendocino: “Para descorchar en una alberca con amigos, con música muy chill a tope y el pét-nat frío”. De burbuja fina y constante. En nariz exhibe cereza fresca, frambuesas y en boca es muy fresco, con muchos frutos rojos. $780 en chinchin @__chinchin
  • Branco, Antonio Mançanita: elaborado a partir de uvas godello, visio y arinto por un productor enfocado en la utilización de variedades autóctonas: “Para disfrutar en el comedor con la ventana abierta un día caluroso, a una temperatura muy fresca y con un platón de ostiones”. $700 en Tierras de Uva
  • Aligoté Vieilles Vignes, René Bouvier: referente de la vinificación con mínima intervención. Elaborado a partir de uvas aligote, que antes de la Segunda Guerra Mundial fue la más plantada en la Borgoña. “Lo pediría en Plonk para acompañar los mejillones con salsa de chiles y vino blanco”. En nariz expresa frutos como pera verde y en boca su descripción más destacada es su acidez firme. $1,420 en Plonk
  • Schieferterrassen Orange, Heymann- Löwenstein: un vino muy atípico para los parámetros clásicos de la enología alemana. Se elabora a partir de uvas riesling maceradas en sus pieles. “Ideal para acompañar los matices naranjas del atardecer con quesos Fromager d’Affinois y Gruyère”. $1,790 en Plonk
  • El Pirul, Clos Benoit: proyecto enraizado en el Valle de Guadalupe, con una propuesta enológica inspirada en la AOC Châteauneuf- du-Pape. “Me lo imagino para tomarlo con una tarta de chocolate en compañía de tu perro”. En nariz hay muchas notas de melocotón y durazno. En boca aporta notas de fruta roja pero muy sutil, con muy buena acidez, y la influencia de la brisa del mar. $1,200 en Plonk
  • Cote Du Puy, Jean Foillard Manum: uno de los formatos favoritos de Romina, al que dedica un jueves al mes por los atributos que la botella de 1.5 litros imprime en el vino. Elaborado 100 por ciento de gamay, por una firma pionera en la elaboración de biodinámicos: “Este sería para cenar una noche de primavera con un grupo de amigos en un jardín”. De tanino terso y aromas a fruta roja. Muy elegante. $2,200 en @lacavadejean
Romina Argüelles: curiosidad como brújula
Para Romina, los mejores vinos para descorchar en primavera tienen que ser espumosos, rosados o tintos ligeros y la frescura debe permanecer en la copa. | Foto: Juan Pablo Espinosa | Locación: Plonk

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