Teroldego. Listan Negro. Morey Saint Denis 1er Cru “Les Millandes”. Nierderhauser Hermannshole Riesling Spatlese.

A menos de que ya seas todo un “sommelier”, estas palabras y oraciones probablemente te suenen a puros disparates. Y aun así, mientras el mundo del vino continua su metamorfosis y expansión en su vertiginoso camino, pareciera que necesitamos el equivalente del Rosetta Stone solo para ver la carta de vinos en un restaurante y decidir cuál tomar.

Aquí están las buenas noticias: en la época dorada de hoy día, es posible beber vino de una mejor y más interesante manera que antes. Y con sólo un poco de savoirfaire, es posible descifrar las listas de vinos con las que podemos toparnos en los restaurantes, dejando atrás los días en que bebías la segunda botella más barata.  Aquí te dejamos unos tips para cuando vayas a ordenar un vino en un restaurante.

Evita tu zona de comfort

En situaciones de mucho estrés, es normal regresar a lo que uno conoce. En términos de vino, eso significa el sabor usual de zonas reconocibles y marcas consideradas “famosas”: habló acerca del  Cabernet de Napa o el famoso Chardonnay.

Sin embargo, en el contexto económico en un menú de vinos, este instinto definitivamente te guiará por el mal camino. Como principio general, los restaurantes saben que ellos pueden llevarse su parte únicamente vendiendo al cliente vinos “básicos”, los cuales serán ordenados por las masas de forma relativamente inmediata. Además, esta selección sólo aparece en los menús de vinos por necesidad, para atender la demanda popular, más allá de reflejar la curiosidad de la persona que se encarga de organizar el listado.

Así que una vez hayas atravesado tu “zona de confort” – aunque te dé miedo  – el mundo de variedades impronunciables y “fuera del radar” será una mejor inversión para tu dinero. Cuando tengas la oportunidad, di “un Austrian Blaufrankisch (Blahw-FRAHN-keesh,FYI) o un Mencia español”.

Piensa de forma local

Uno de los lemas perennes del mundo del vino es “Lo que crece junto va junto”. Al haber evolucionado juntos por muchos años, un área cultural de vino y sus tradiciones culinarias siempre tendrán una relación simbólica. Esto significa que la mejor forma de elegir una botella es tomando en cuenta tu comida y los temas regionales que envuelven sus orígenes.

Claro, admitiré que ayuda el que el menú en cuestión esté organizada por áreas, permitiendo colocar cada botella en un mapa. Pero además un poco de conocimiento geográfico viene muy bien acompañado.

Digamos que estás en un restaurante italiano, o al menos ordenaste algo con ingredientes de influencia muy italiana. Bueno, definitivamente no debería de ir sin un vino italiano. Pero más allá de eso, trata de pensar en términos más específicos con respecto las regiones. ¿Están los ingredientes más en el lado Mediterráneo si hablamos de olivos, tomates y alcaparras? Eso debería llevarte a la Italia del sur, en donde puedes conseguir una botella de Sicilia, por un instante, o de Campania.  ¿Estás comiendo risotto? Si es así, un vino blanco de la punta de la bota, o un Soave de la región de Veneto, combinaría perfectamente.

Precio y cosecha

Una vez hayas reducido la elección a una parte general del mundo, ya puedes empezar a considerar los verdaderos números: precio y cosecha.

Teniendo en cuenta la forma en como los restaurantes estructuran el precio de sus vinos, es mucho más sencillo reducir la elección. Como resultado, lo “dulce” es raro de encontrar en lo más profundo del rango.

Odio ser quien tiene que decirlo, pero esa botella de $700 pesos que estás tentado a pedir, probablemente esté marcada 3 o 4 veces más de lo que realmente vale. Para ser claros, esto no es necesariamente para sacar más ventaja del producto, cualquier establecimiento respetable debería de dar calidad a sus clientes sin fijarse en el precio. Pero desde una perspectiva “financiera”, los $1,300 a $2,200 de lo que puede costar una botella, representa un gran golpe para tu bolsillo, pero mientras valga la pena y lo puedas pagar, ¡disfrútalo!

Lo que nos lleva a la cosecha. A menos que estés considerando gastar una pequeña fortuna en un Nebbiolo que ha estado reposando por décadas, lo más probable es que cualquier vino que elijas no necesite estar mucho tiempo en la botella. Así que, ya sean blancos o tintos, no te preocupes tanto por seleccionar el mejor año, en general mientras esté entre las dos o tres cosechas más recientes, no tendrás ningún problema.

El sommelier es tu amigo

Todos queremos sentirnos esa persona interesante que se sienta a la mesa e inmediatamente se hace notar por conocer de todo un poco al decir que la combinación perfecta entre los vinos blancos Pigato o Verdicchio quedarían a la perfección con un complemento marítimo.

Pero en realidad, salir a cenar también es disfrutar de todo lo que el restaurante ofrece . Y tendemos a olvidar que una gran parte de la experiencia, por la cual, vale la pena mencionar, se paga una buena suma de dinero, es el servicio de vinos.

Sí el restaurante en el que estás emplea a un sommelier de tiempo completo o no, no tengas miedo de hacer preguntas. Después de todo le llamamos “la industria del servicio” por una razón: la pasión de cualquier sommelier, o gerente de bar digno del título es, bueno, de ser servicial. El mejor consejo es iniciar una conversación, pedir sugerencias y disfrutar que alguien más haga el trabajo.