Hospitalidad, vino y cultura: Perelada acoge con las puertas abiertas

Ha pasado la friolera de 27 siglos desde que las primeras colonias griegas se asentaran en Empúries e introdujeran las primeras cepas inculcando la cultura del vino y su comercio a través del Mediterráneo. De ahí, se extendió por toda la región del Empordà, y el paisaje se tornó en un vasto territorio de atávica tradición vinícola. Esta zona es, tras Jerez y alrededores, la cuna del vino en la Península Ibérica.

Perelada y su viñedo más carismático

La andadura de Perelada como bodega comienza en 1923, cuando la familia Suqué Mateu decide invertir en el potencial vitivinícola del Empordà. La familia tenía un objetivo claro: conseguir elaborar grandes vinos mediterráneos con la capacidad de expresar el territorio a través de ellos. Una misión en absoluto fácil: el Empordá es una tierra marcada por el viento, por la proximidad de mar y por una diversidad de suelos fuera de lo común.

Los viñedos tienen nombres propios como Finca Garbet, considerado como una de sus más apreciadas joyas, quizás por su emplazamiento frente al mar y su disposición en terrazas donde la viticultura ecológica y regenerativa requiere de un meticuloso trabajo.

El paisaje extremo, con pendiente, pizarra, insolación intensa y fuertes embestidas de la tramontana no permite labores fáciles. Es en sí mismo un esfuerzo de titanes en el que no cabe desfallecer: la vendimia es manual y la producción, limitada. Finca Garbet y Aires de Garbet son los hijos de este viñedo; vinos que no buscan suavizar el carácter salvaje del terroir, tan solo interpretarlo.

El capital vitivinícola de la bodega ampurdanesa

Perelada cuenta con cinco fincas repartidas por la DO Empordà y se debe a un único motivo: la diversidad. Cada una de las fincas es única gracias a paisajes diferenciados, lo que da lugar a vinos muy distintos entre sí que, a la vez, mantienen un hilo conductor que es puro reflejo del Mediterráneo y de la heterogeneidad del Empordà. La Garriga tiene cepas viejas de cariñena que se plantaron en los años 40 en suelos de grava y arena. En Malaveïna hay ladera con arcillas rojas y se vendimia uva garnacha y monastrell.

Espolla, la finca situada más al norte, con temperaturas más bajas que el resto, cuenta con suelos de pizarra y de Pont de Molins, donde comenzaron a plantarse en 1989 variedades como cabernet sauvignon, merlot, tempranillo, syrah, chardonnay y garnacha es de donde salen las uvas que forman parte de algunos de los rosados más singulares de Perelada.

Delfí Sanahuja, figura clave en la trayectoria de Perelada

Es enólogo jefe desde 1993 y su hacer ha sido esencia para consolidar el perfil inconfundible de Perelada. Es el gran intérprete del de la viticultura del Empordà, fundamentada en la precisión parcelaria y en las variedades tradicionales.

En 2022 la bodega dio un gran paso adelante con la inauguración de sus nuevas instalaciones con una punta de lanza: un edificio principal totalmente integrado en el paisaje, con un diseño que permite trabajar por gravedad. Como colofón, la bodega es la primera de Europa con certificación LEED®.

Destino gastronómico y de enoturismo en sí mismo

La belleza de sus instalaciones, que incluyen el Castell Perelada y sus jardines, una impresionante biblioteca, un museo del vino con aperos y utillajes antiguos, un espacio dedicado a los coches Hispano Suizas, la mítica marca fundada por la familia, además de sus diferenciados viñedos que convierten el conjunto en lugar de peregrinaje.

En Perelada está todo pensado: el suntuoso alojamiento en Hotel Peralada, con todas las comodidades de un cinco estrellas y una localización estratégica para poder visitar viñedos y localidades cercanas es, sin duda, uno más de los motivos que impulsan a visitar la bodega. A todo ello se suma una oferta gastronómica de primer nivel.

Un restaurante con Estrella

Castell Perelada, con el chef Javi Martínez al frente, cuenta con una Estrella Michelin. Al frente de sala y sumillería está Toni Gerez, que tiene el hito de haber la primera persona en haber sido premiada por la Guía Michelin como Mejor Maestresala.

En este restaurante, Martínez cocina e interpreta el Empordà, una tierra de cercanas lonjas, carnes caza, huerta y distintos aromáticos, muchos de los cuales se cultivan en la propia bodega.

La carta y menús, bajo la batuta de Gerez, se acompañan no solo de referencias de vinos tranquilos de Perelada; también de sus cavas de largas crianzas y afianzada tradición. Tampoco faltan referencias ajenas que bucean en lo mejor de cada casa.

La oferta gastronómica se completa con propuestas distendidas como Wine Bar Celler 1923 situado en la propia bodega y con L’Olivera, restaurante asesorada por el reconocido chef Paco Pérez y ejecutado por el cocinero Gabriel Matteuzzi.

Y en todos los espacios gastronómicos hay un hilo conductor: los quesos seleccionados por Toni Gerez, no en vano también es un experto en este alimento, del que es divulgador más que autorizado.