
El universo Rosi La Loca no se visita: se atraviesa. Sus restaurantes han convertido el centro de Madrid en un escenario donde la fantasía, el color y la teatralidad forman parte de la experiencia. Divertidos, originales, reconocibles al instante y absolutamente fotografiables, sus espacios han construido un sello propio que mezcla cocina popular, estética rotunda y una puesta en escena que no pasa desapercibida.
Rosi La Loca, Inclán Brutal Bar, Bestial y Calle 365 llevan años ocupando su territorio en el Barrio de las Letras. Ahora, a pocos pasos de todos ellos, el grupo presenta su capítulo más refinado: Chic by Rosi La Loca. Una nueva apertura que mantiene el ADN creativo de la casa, pero lo envuelve en una atmósfera más sofisticada, más íntima, más sensual.
No es casualidad que hayan vuelto a elegir este barrio. Aquí comenzó su historia y aquí han decidido consolidar su pequeño imperio gastronómico. Caminar por estas calles significa encontrarse, en cuestión de metros, con varios universos Rosi dialogando entre sí.

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Un edén rosa con vocación sofisticada
Chic es un paraíso imaginado donde el cielo se tiñe de rosa y las serpientes custodian la fruta prohibida. El espacio combina estucos bañados en cuarzo rosa, mármoles de Oriente Medio, un suelo de ágata verde y terciopelos confeccionados por artesanos andaluces. Las lámparas traídas de París y las piezas escenográficas creadas por artesanos falleros completan una puesta en escena que equilibra fantasía y elegancia.
Aquí la teatralidad se afina. El efecto sorpresa sigue presente, pero se despliega con mayor contención. Es el Rosi más pulido, el más cuidado en los matices, el que transforma la provocación en sofisticación.
Todo nace del propio equipo creativo del grupo, sin estudios externos. Esa coherencia explica por qué cada apertura mantiene identidad y, al mismo tiempo, suma una nueva capa narrativa.

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Propuesta gastronómica: pura tentación
La carta de Chic, firmada por el chef ejecutivo Javier Alfaro, se mueve entre dos caminos bien definidos: los platos icono que han construido la identidad del grupo y nuevas incorporaciones que amplían el relato sin romperlo.
Entre los imprescindibles aparecen las Bravas, consideradas las mejores del país, elaboradas con patata agria en doble cocción y una salsa brava que respeta la tradición —caldo de cocido incluido— pero con ese punto gamberro que caracteriza al grupo. La Hamburguesa Wagyu mantiene su condición de superventas: carne jugosa, salsa trufada, cebolla caramelizada al mirin y queso scamorza fundente que equilibra intensidad y cremosidad.
El Falso Risotto Trufado continúa siendo una de las propuestas más celebradas. El orzo cremoso, aromatizado con aceite de trufa blanca y terminado con láminas de trufa negra, ofrece textura envolvente y profundidad sin saturar. Y el Katsu Sando Chic, servido en brioche tierno, combina cerdo empanado en su punto perfecto con crema de huevo y lombarda, en un bocado que mezcla técnica japonesa y guiño pop.
En el apartado dulce, la Oblea Dubai se consolida como firma de la casa: crujiente, rosa, rellena de helado de chocolate y coronada con crema de pistacho. Un postre que no solo se prueba, se fotografía.
A esta base reconocible se suman platos que exploran un registro más fresco. La Stracciatella con pera, miel y aceite de albahaca apuesta por el contraste entre cremosidad láctica y dulzor natural. El Tartar de remolacha a la frambuesa con helado de piparra juega con la tensión entre acidez, dulzor y un punto salino inesperado. Y el Mangomisu, con mascarpone, leche de coco, mango y café, demuestra que incluso un clásico italiano puede reinterpretarse con espíritu viajero.







