
Cada enero, el llamado Blue Monday se posiciona en la conversación pública como el “día más triste del año”. Aunque su origen no tiene base científica, el concepto refleja una sensación compartida: cansancio acumulado, menor motivación y un ánimo más bajo tras las fiestas decembrinas, especialmente durante el invierno.
En este contexto, la alimentación juega un papel relevante como uno de los factores cotidianos que influyen en los niveles de energía y en la percepción general de bienestar.
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Alimentación y bienestar emocional
El cerebro requiere un suministro constante de energía y nutrientes para funcionar de forma óptima. Durante el invierno, los cambios en la rutina, la menor exposición a la luz natural y el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados pueden impactar en cómo nos sentimos a lo largo del día.
Mantener una alimentación equilibrada, con horarios regulares y variedad de alimentos, puede contribuir a una mayor estabilidad energética y a una sensación general de bienestar, especialmente en momentos del año asociados con mayor fatiga.

Nutrientes clave en los días de menor energía
Sin hablar de soluciones milagro, algunos nutrientes presentes en los alimentos se asocian comúnmente con funciones relacionadas con el sistema nervioso y el metabolismo energético:
- Omega 3, presente en pescados grasos, nueces y semillas, forma parte de la estructura de las membranas neuronales.
- Vitaminas del complejo B, que se encuentran en cereales integrales, legumbres, verduras de hoja verde y proteínas animales, participan en la producción de energía.
- Magnesio, presente en semillas, frutos secos y cacao, está involucrado en múltiples procesos metabólicos.
- Triptófano, un aminoácido presente en alimentos como huevo, lácteos, legumbres y semillas, forma parte de procesos relacionados con neurotransmisores.
Una dieta variada permite integrar estos nutrientes de manera natural, sin necesidad de enfoques restrictivos.
El papel de los alimentos reconfortantes
En invierno, es común buscar platos más calóricos o dulces. Lejos de eliminarlos, la clave está en el equilibrio. Sopas, caldos, guisos de legumbres, cereales integrales y verduras de temporada pueden aportar sensación de confort térmico y saciedad, al mismo tiempo que ofrecen valor nutricional.
Optar por versiones caseras y menos procesadas ayuda a mantener una relación más consciente con la comida y evita los picos de energía seguidos de cansancio.
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Rutina, regularidad y autocuidado
Más allá de lo que se come, cómo y cuándo se come también influye. Saltarse comidas o concentrar la ingesta en pocas horas del día puede acentuar la sensación de agotamiento. Mantener horarios regulares y espacios tranquilos para comer contribuye a una mejor digestión y a una percepción más estable de energía.
En un día como Blue Monday, la nutrición puede entenderse no como una solución inmediata, sino como parte de una red de hábitos de autocuidado que, sostenidos en el tiempo, ayudan a transitar el invierno con mayor equilibrio.
Fuentes: Nutrition and Mental Health. Harvard T.H. Chan School of Public Health | Diet and Mental Wellbeing. British Nutrition Foundation | Food, mood and mental health. European Food Information Council (EUFIC)

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