
El cerebro humano, a pesar de representar solo alrededor del 2% del peso corporal, consume cerca del 20% de la energía total del organismo en reposo. Este órgano altamente especializado depende principalmente de la glucosa como fuente de energía, aunque también puede utilizar otros sustratos en estados particulares, y requiere un suministro constante de nutrientes para mantener funciones cognitivas, emocionales y metabólicas.
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¿Por qué el cerebro es “caro” en energía?
La alta demanda energética del cerebro se explica por su intensa actividad eléctrica y química. Las neuronas transmiten impulsos a través de la liberación y recaptación de neurotransmisores —procesos que consumen grandes cantidades de ATP, la “moneda energética” de las células. Para apoyar esta actividad, el cerebro debe recibir un flujo constante de glucosa y oxígeno a través del torrente sanguíneo.
Además, el cerebro no almacena energía de forma significativa. A diferencia del músculo o el hígado, que pueden guardar glucógeno, el cerebro depende de un suministro sanguíneo continuo. Esto lo hace sumamente sensible a cambios en los niveles de glucosa o nutrientes esenciales, lo que se traduce en fatiga mental, menor concentración o cambios de humor cuando no se alimenta adecuadamente.
Dietas ricas en azúcares simples y ultraprocesados generan picos rápidos de glucosa seguidos de caídas abruptas, lo que se manifiesta como cansancio, irritabilidad y dificultad para concentrarse. En contraste, las comidas equilibradas que combinan proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos permiten una liberación sostenida de energía, favoreciendo la estabilidad mental a lo largo del día.

Nutrientes clave para el enfoque
Desde una perspectiva nutricional, existen alimentos clave que favorecen la función cerebral. Estos incluyen:
- Carbohidratos complejos, como granos integrales, legumbres y frutas, que proporcionan glucosa estable para el cerebro.
- Ácidos grasos omega-3, presentes en pescados como el salmón o sardinas, que apoyan la estructura de las membranas neuronales.
- Antioxidantes en frutas y verduras (arándanos, espinacas) que ayudan a proteger las neuronas del estrés oxidativo.
- Proteínas de calidad, necesarias para la síntesis de neurotransmisores.
Una alimentación balanceada con estos nutrientes favorece el rendimiento cognitivo, la memoria y la estabilidad del estado de ánimo. Ácidos grasos omega-3, hierro, zinc, vitaminas del complejo B y antioxidantes desempeñan un papel fundamental en la salud cerebral. Estos nutrientes participan en la transmisión de señales neuronales y en la protección del tejido cerebral frente al estrés oxidativo.
La evidencia sugiere que dietas ricas en alimentos naturales y mínimamente procesados están asociadas con un mejor desempeño cognitivo.
Pero no solo importa qué se come, sino cuándo. Saltarse comidas o comer de forma irregular puede afectar la regulación de la glucosa y provocar sensación de agotamiento mental. Mantener horarios consistentes ayuda al cuerpo a anticipar la demanda energética y a sostener la concentración durante jornadas prolongadas.
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Cafeína: aliada con límites
Entre los compuestos que más influyen en el cerebro está la cafeína, un estimulante natural del sistema nervioso central que se absorbe rápidamente tras su consumo en café, té o bebidas energéticas. Sin embargo, aunque el café puede mejorar temporalmente el estado de alerta, su consumo excesivo puede generar ansiedad, interferir con el sueño y afectar indirectamente el rendimiento al día siguiente.
El principal mecanismo de acción de la cafeína es bloquear los receptores de adenosina, un neurotransmisor que se acumula en el cerebro a lo largo del día y promueve la sensación de sueño. Al impedir que la adenosina se una a sus receptores, la cafeína reduce la percepción de cansancio y aumenta el estado de alerta.
Este efecto de bloqueo de la adenosina también influye en la liberación de otros neurotransmisores —como dopamina y serotonina— que están asociados al estado de ánimo, la atención y la motivación. Ante ello, los especialistas recomiendan moderación y evitar la dependencia como única estrategia para mantenerse productivo.

Comer para rendir mejor
La nutrición se consolida como una herramienta estratégica para el rendimiento laboral y académico. Comer bien no solo es una cuestión de salud, sino también de eficiencia y claridad mental. Para ello, te compartimos tres recetas ricas en nutrientes que pueden ayudarte a recargar energía y mejorar tu rendimiento de forma consciente:
Ceviche de lentejas

Las lentejas son semillas de la familia de las leguminosas, así como los garbanzos, el frijol y el maíz, entre muchas otras. Son originarias del sureste asiático y fueron introducidas a México por los españoles. Comer lentejas aporta muchos nutrientes. pues son proteínas de buena calidad. De hecho por eso es muy frecuente encontrarla en las dietas de las personas veganas y vegetarianas. Además, son ricas en fibra, por lo que pueden ayudar a mejorar la salud intestinal y digestiva.
Encuentra la receta completa aquí.
Ensalada Cobb de Salmón

El secreto de esta ensalada es untar con grasa de tocino el salmón antes de asarlo para mantenerlo súper húmedo y agregarle una dosis extra de sabor ahumado. Además, se acompaña de jitomates cherry, ricos en antioxidantes y minerales, mientras que el salmón es un superalimento rico en ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), proteínas de alta calidad, potasio y vitaminas del grupo B.
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Ensalada de espinacas, toronja y aguacate

Puede que el profundo sabor tostado del fino aceite de sésamo coreano no sea el primer ingrediente que nos viene a la mente para una ensalada de espinacas con toronja, pero la combinación es atractiva y deliciosa. Debido a que el sabor del aceite es tan fuerte, lo mezclamos con vinagre de arroz y canola de sabor neutro para obtener suficiente aderezo para cubrir las verduras sin abrumarlas. Este es simple y de sabor limpio que se termina con una pizca de gochugaru (hojuelas de chile coreano) para darle un toque sutil de picante dulce y ahumado.
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Fuentes: Harvard Health Publishing | Mayo Clinic | American Journal of Clinical Nutrition | British Journal of Nutrition.
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