
Florencia no necesita presentación. Cuna del Renacimiento, ciudad de Lorenzo el Magnífico, de Sandro Botticelli y de Filippo Brunelleschi, es ese museo a cielo abierto que el mundo entero observa con admiración —y cierta envidia— desde hace siglos. Aquí el arte se respira, como una elegancia única. Cada calle, cada fachada, cada perspectiva recuerda que la belleza fue, y sigue siendo, una forma de poder y de vida. Dormir en Florencia es un privilegio; hacerlo dentro de un palacio histórico es entrar a formar parte de su relato. Celebrar San Valentín en el Tivoli Palazzo Gaddi Firenze (5 Estrellas), es sumergirse en una idea de lujo elegante, sereno y profundamente italiano.
Basta abrir la ventana al amanecer y encontrarse, casi a la altura de los ojos, con la cúpula de Santa Maria del Fiore, para comprender que aquí la experiencia va mucho más allá de una estancia exclusiva. Florencia entra literalmente en la habitación, con una belleza íntima, silenciosa, casi reservada solo para quien duerme dentro.
Desde la terraza, la sensación es todavía más poderosa: la ciudad se despliega a pérdida de vista, con tejados, cúpulas y campanarios componiendo una panorámica que abruma por su armonía. Un lugar privilegiado para detener el tiempo, brindar y dejar que Florencia haga el resto.

Este antiguo palacio del siglo XVI, que perteneció a las familias Gaddi y Arrighetti, conserva frescos originales, obras de arte y una arquitectura noble restaurada con un respeto impecable. Recorrer sus interiores provoca una emoción difícil de describir: subir por las escaleras de mármol del palazzo genera una sensación casi ceremonial, y en los salones basta levantar la vista para perderse en techos cubiertos de frescos, auténticas escenas suspendidas en el tiempo. Todo transmite grandeza sin ostentación: historia, proporción, silencio. Un refugio pensado para dos, en pleno centro histórico de Florencia.
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Despertar en Florencia: desayunos que se recuerdan
Las mañanas en Tivoli Palazzo Gaddi empiezan despacio, como deben hacerlo las escapadas especiales. El desayuno —uno de los grandes placeres de la casa— está cuidado hasta el último detalle: producto de calidad, bollería artesana, panes seleccionados, fruta fresca, platos calientes y opciones pensadas para saborearse sin prisas. Servido en un entorno elegante, ya sea en el salón o en el patio con luz natural, el primer café se convierte en un ritual que invita a alargar la conversación.
Las 86 habitaciones y suites combinan mobiliario de época y confort contemporáneo con absoluta naturalidad. Algunas miran directamente a la catedral; la suite presidencial, con terraza panorámica, regala una de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre: Florencia extendiéndose a los pies de la cama, como un decorado eterno. Un escenario ideal para una escapada romántica marcada por desayunos lentos, miradas cómplices y planes improvisados.

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Alta cocina, atardeceres y slow living
La experiencia se completa con una propuesta gastronómica a la altura del lugar. Terrae, el restaurante del hotel, está dirigido por la chef Iside De Cesare y ofrece una cocina italiana contemporánea con raíces toscanas, elegante, precisa y coherente con el entorno. El Jardín de Invierno suma un ambiente íntimo y acogedor, perfecto para una cena romántica.

Para el brindis, Araia Rooftop ofrece uno de los atardeceres más sugerentes de la ciudad, con vistas directas al Duomo y una carta de cócteles que acompaña la luz dorada. Y Milton Bar, en el lobby, invita a alargar la noche entre vinos y conversaciones tranquilas. Fiel a la filosofía de Tivoli Hotels & Resorts, este palacio florentino propone una forma de viajar basada en el placer pausado, el detalle y la emoción compartida. Un cinco estrellas de lujo refinadisimo donde celebrar San Valentín con belleza, historia y magia renacentista.







