Domingos de lujo: así es el brunch del InterContinental de Madrid

Los brunch de hotel viven una auténtica edad dorada. Cada vez más viajeros urbanos —y también muchos madrileños— han descubierto que existe una forma deliciosa de disfrutar del lujo de un gran hotel sin necesidad de dormir en él. en este caso basta reservar mesa y disfrutar de uno de los buffets más lujosos de la capital.

Madrid cuenta con varias propuestas interesantes, pero pocas tienen el carácter del brunch del Hotel InterContinental, uno de los grandes iconos de la hotelería de Madrid. Situado en el Paseo de la Castellana, este cinco estrellas lleva décadas formando parte de la vida social madrileña: diplomáticos, viajeros internacionales, celebraciones familiares y encuentros de negocios han pasado por sus salones. Bajo su gran cúpula central, elegante y luminosa, se desarrolla cada domingo un ritual gastronómico que convierte la mañana tardía en una pequeña fiesta.

La fórmula es simple y seductora: un buffet libre exuberante, música en directo y el ambiente refinado de un gran hotel. Una invitación a relajarse, servirse una copa y recorrer las mesas con curiosidad.



Un festín que entra por los ojos

La primera impresión es visual. El brunch del InterContinental despliega una escenografía culinaria que recuerda a los grandes banquetes clásicos: mesas generosas, bandejas de plata que brillan bajo la luz del salón y estaciones donde los chefs trabajan en directo.

El recorrido suele empezar por el marisco. Bogavantes, cangrejos árticos y otras joyas del océano se presentan en grandes fuentes que parecen pequeñas cascadas marinas. Muy cerca, una estación prepara sushi al momento, mientras otros puestos ofrecen ceviches, pescados o especialidades internacionales.

Los amantes de la tradición encuentran también motivos de sobra para repetir visita. El cochinillo asado, crujiente y dorado, evoca el estilo de los grandes asadores castellanos, mientras que el roast beef se corta al momento y se sirve con su salsa, en un gesto clásico que siempre tiene algo de espectáculo.

El paseo continúa entre tablas de quesos, embutidos ibéricos y delicadezas como foie gras o todo tipo de canapés que aportan un punto festivo a la mesa. En paralelo aparecen ensaladas, arroces, pastas y otras propuestas que convierten el brunch en un viaje gastronómico de múltiples acentos.

Y luego llega el capítulo dulce, que merece tiempo y atención. Tartas artesanas, miniaturas de alta pastelería y una fuente de chocolate caliente para bañar fresas o marshmallows o lo que surja…. ¡Un paraíso para los golosos de todas las edades! y lo más clásico… levantarse una y otra vez más, jurando que será la última. Es que con semejante despliegue, se hace imposible resistir. 

Un plan perfecto para celebrar el amor

Más allá de la abundancia y el glamour, el brunch del InterContinental tiene algo que lo hace especialmente atractivo: funciona igual de bien para casi cualquier ocasión.

Puede ser una cita tranquila en pareja, una reunión entre amigos o el escenario ideal para celebrar un cumpleaños familiar. La música en directo —violín, guitarra o voz— acompaña discretamente el ambiente, creando una atmósfera elegante pero relajada.

El brunch incluye una amplia selección de bebidas: desde vinos y cavas hasta cervezas, refrescos o zumos, además de un vermut de bienvenida que marca el inicio del festín. Quien prefiera acompañar el recorrido gastronómico con burbujas o vino puede hacerlo con total libertad.

Las familias con niños también encuentran aquí un plan cómodo y divertido. Además de platos que suelen conquistar a los más pequeños —pasta, pizza o pollo frito—, el hotel organiza actividades pensadas para ellos, como talleres de repostería dirigidos por el maestro pastelero. Mientras tanto, los adultos pueden participar en sesiones de coctelería que añaden un toque lúdico a la experiencia.

El brunch se celebra todos los domingos entre las 13:30 y las 16:00, y cuando llega el buen tiempo puede disfrutarse también en la terraza de El Jardín del InterContinental, un pequeño oasis urbano que aporta aún más encanto a la cita.

Porque, al final, ese es el secreto de este brunch: durante unas horas, el domingo deja de ser un simple día de descanso para convertirse en una celebración gastronómica en uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid.