Los has comido en Mac and Cheese, hamburguesas, pizzas y sándwiches, pero lo que quizás desconocías es que el queso amarillo o queso americano está compuesto de muchas otras cosas aparte de queso.

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Son los quesos en lámina, untables, en polvo y en lata, como el que llevan los grilled cheese sándwich, o el polvito con el que preparas tu Mac & Cheese. Su principal característica es que están cubiertos de una proteína que hace que se derritan sin perder la estructura (que el cuajo se separe de la grasa).

En el mejor de los casos el queso amarillo está hecho a base de trozos de queso madurados molidos o fundidos, pero la realidad es que a la mayoría le agrega otros productos que no derivan del queso, como sales, almidón y grasas vegetales. De ahí que a éstos se les conozca como quesos procesados.

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La diferencia más clara entre los quesos procesados y los naturales es que los primeros no cuentan con grasa butírica —que proviene de la leche— sino vegetal en su mayoría. Pero la  verdadera razón por la que les ponen estos añadidos, es porque les permiten guardarlos por más tiempo. El porcentaje de queso real en estos productos suele ser del 51% (esa es la norma para poderlo llamar queso).

En realidad no se trata de que los dejes de comer, simplemente de que estés consciente de qué están hechos y (como con todo en la vida) los consumas con medida. Esto debido a que su aporte nutrimental es distinto, cuentan con más grasas trans y saturadas y una cantidad mayor de sodio.

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Así que si te gusta, sigue poniéndolo en tus hamburguesas o en ese grilled cheese que tanto disfrutas por la mañana. Solamente intenta comprar los que digan en su empaque “queso americano” y que no tengan las palabras como “tipo” o “imitación”; ya que suelen ser los que contienen menos queso real y están más procesados.