
Hablar de Mezcal Convite y de Casa Convite es hablar de una manera distinta –yo diría más honesta y profunda– de entender el mezcal premium oaxaqueño. El proyecto fundado hace 14 años por Jorge Vera, abrió también, como parte de su concepto de difusión de la cultura de este destilado, hace seis años, Casa Convite.
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Ahora, este proyecto no solo celebra su aniversario, también una transformación hacia una “casa concepto” que articula territorio, oficio, hospitalidad y cocina, sin perder de vista el origen que le da sentido a todo: el campo y la comunidad.
Mezcal Convite nació en San Baltazar Guelavila, en los Valles Centrales de Oaxaca, desde una raíz zapoteca que entiende al mezcal como identidad, como una extensión de la vida cotidiana. Fue ahí, donde Jorge Vera invitó a sumarse al proyecto a Daniel y Cosme Hernandez, sus maestros mezcaleros, herederos de un saber transmitido por generaciones y que han hecho de Convite un proyecto ejemplar por su compromiso con los métodos tradicionales y, al mismo tiempo, por su mirada de futuro.

Esta es la razón por la cual se ha convertido en el mezcal más vendido en Oaxaca, presente en tiendas especializadas, espacios de autoservicio y en muchas mesas y restaurantes donde se valora lo que hay detrás de cada botella.
Además, Mezcal Convite, fue pionero en temas de trazabilidad y sustentabilidad, así como en el cultivo de variedades que antes sólo crecían de forma silvestre –como el tepextate, el coyote o el jabalí– con el objetivo claro de preservar la tierra comunal y garantizar la continuidad del ecosistema mezcalero. Cada ensamble y cada agave que usan –tobalá, coyote, tobasiche, madrecuishe– expresa ese equilibrio entre técnica, paciencia y respeto por el origen.
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Casa Convite es la traducción contemporánea de esa filosofía. Más que una mezcalería o un punto de venta, es un espacio integral que fomenta la cultura del mezcal desde múltiples frentes. Aquí conviven una sala de exposición que explica el proceso productivo y su historia, un tasting room para comprender matices y perfiles, un expendio, una panadería –con piezas elaboradas a partir de masa madre– con bistró, y hasta un Airbnb que permite habitar Oaxaca desde una experiencia sensorial completa. Todo está pensado para que el visitante no solo pruebe mezcal, sino que lo entienda y se deleite entendiendo porque es una bebida tan identitaria.
La cocina ocupa un lugar central. Bajo la dirección de la chef Wendy Hernández, Casa Convite propone un menú que dialoga con la tradición y el producto local, disponible tanto en desayunos como en comidas y eventos privados.

Esa vocación culinaria se hizo evidente durante la celebración del sexto aniversario, una experiencia que reunió a cocineros clave de la escena oaxaqueña: Shalxaly Macías y Quetzalcóatl Zurita, de Almoraduz de Puerto Escondido; Rodolfo Castellanos, de Origen; la propia chef Wendy Hernandez, como aglutinadora de los sabores; y un menú que fue un mapa de sabores regionales, del chamorro al chapulín, del huitlacoche al atún.
La barra estuvo a la altura del momento, con embajadores de Mezcal Convite y bartenders invitados de proyectos como Bar Mauro, Ninety Nine Records, Malcriado y Sabina Sabe, confirmando que el mezcal también es un terreno fértil para la mixología contemporánea cuando se parte de un destilado bien hecho.
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Otro tema que resaltó de la celebración de Casa Convite, es la colaboración cercana que tiene con hoteles y restaurantes, para crear “viajes solidarios” al que se sumaron el Hotel Real de Oaxaca para hospedar a los invitados. Gracias a esta colaboración también pudimos conocer el nuevo proyecto de la chef Olga Cabrera: “Aguamarga” un innovador laboratorio en torno al Theobroma mexicano –uno de los cuales es el árbol del cacao– que rompe con toda la conceptualización en torno al chocolate y se va al origen del amargor natural del cacao. Un concepto único en el mundo del cual hablaremos más adelante en Food & Wine.

Otro lugar que se sumó al aniversario, es el restaurante recomendado por la guía Michelín, y la Guía México Gastronómico, Ancestral, del chef Miguel Mijangos, que celebra la tradición de la cocina oaxaqueña muy de la mano con la identidad del mezcal. Probar sus nueve moles aquí, maridado con algunos de sus mezcales ancestrales, se vuelve una experiencia sensorial imperdible.
Así pues, Casa Convite se consolida como un punto de encuentro entre productores, cocineros, bartenders, chefs y viajeros curiosos. Un lugar donde el mezcal se bebe, sí, pero sobre todo se comparte, se explica y se honra. Seis años después, Convite demuestra que la verdadera sofisticación del mezcal no está en el lujo, sino en la coherencia entre lo que se dice, lo que se produce y lo que se sirve, y toda la comunidad que se crea en torno a ello.
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