
¡A festejar se ha dicho! Aquí tenemos varios motivos para que esta fuera una noche especial: los 30 años de Casa de Piedra, la presencia de Hugo D’Acosta, la colaboración con Monogram y la oportunidad de conocer la nueva Cava de La Docena. Pero, al sentarse a la mesa, todo terminaba llevando al mismo lugar: el producto.
Latinoamérica a la mesa en Food&Wine Festival 2026: Mirando al Sur
La celebración, organizada por Mabe y su división de lujo, reunió los vinos de Casa de Piedra con una selección de platos de La Docena. Una combinación que tenía sentido desde el principio: si algo caracteriza a este restaurante es la atención al producto y, en esta ocasión, esa premisa estuvo presente de principio a fin.

Una cena alrededor del producto
El recorrido comenzó con las ostras Sol Azul, hoy conocidas como Santomar, y la Almeja Reina, acompañadas por Espuma de Piedra Rosado, una edición especial de Zinfandel con 36 meses sobre lías. Desde el primer bocado quedó claro que el ingrediente tendría el protagonismo: productos del mar precisos y frescos, acompañados por un vino que sumaba textura sin restarles presencia.
Después llegó el Camarón Grill, servido con Piedra de Sol 2025, elaborado con Garnacha Blanca. La cena avanzaba así entre el mar y la copa, dejando que cada ingrediente encontrara su propio espacio.

La segunda parte de la experiencia llevó la mesa hacia sabores más profundos con Cecina Wagyu y Taco de Lengua, acompañados por Vino de Piedra, la etiqueta insignia de Casa de Piedra, elaborada con Tempranillo y Cabernet Sauvignon. Para mí, estos vinos tienen algo particularmente interesante: muestran un perfil mexicano con aires de Viejo Mundo. Son sutiles en nariz, pero tienen carácter en paladar; elegantes, aunque sin perder estructura.
Hablar de Casa de Piedra también es hablar de una parte importante de la historia reciente del vino mexicano. Hugo D’Acosta fundó la bodega en 1997 y, desde entonces, Vino de Piedra se ha convertido en una de sus etiquetas más reconocibles. La propia elaboración busca que cada cosecha conserve la expresión de las condiciones de su año, una idea que hizo todavía más interesante el momento de probar dos añadas distintas.

Dos añadas, una misma historia
Uno de los momentos climax de la cena fue probar Vino de Piedra 2021 y 2022 uno junto al otro. Misma etiqueta, mismas variedades y, sin embargo, dos expresiones diferentes.
La comparación permite entender algo que fácilmente se pierde cuando un vino se prueba de manera aislada: cada añada cuenta su propia historia. También es una invitación a pensar en el vino desde la guarda, en lo que sucede cuando una botella tiene tiempo para evolucionar y mostrar nuevas dimensiones.

El cierre llegó con un Volcán de Dulce de Leche, sin un vino acompañante. Después de una noche construida alrededor del producto y del territorio, parecía un final adecuado para una celebración que también marcaba tres décadas de una de las casas que han ayudado a construir la conversación alrededor del vino mexicano.
Más que una cena de aniversario, el encuentro fue una oportunidad para mirar cómo diferentes expresiones del territorio pueden encontrarse en una misma mesa: desde las ostras de Baja California hasta los vinos de Casa de Piedra y la cocina de La Docena. Una noche donde el producto fue el punto de partida y el vino, una forma de recorrerlo.

Síguenos en: Facebook / Twitter / Instagram / TikTok / Pinterest / Youtube







