ProEpta y el arte contemporáneo de servir
Cada elemento sobre la mesa participa en una narrativa donde diseño, gastronomía y hospitalidad dialogan de forma silenciosa. | Foto: Juan Pablo Espinosa

La mesa —ese escenario aparentemente silencioso— comunica a través de formas, texturas, colores y reflejos. La vajilla, la cristalería y la cubertería son elementos que construyen un discurso previo al sabor y que influyen, de manera casi inconsciente, en la percepción de lo que está por venir.

En la hospitalidad contemporánea el diseño dejó de ser un adorno para convertirse en un lenguaje. Uno que habla de identidad, intención y cuidado: “El plato es un papel en blanco que el chef pinta”, dice Jacobo Klip, fundador y CEO de ProEpta, una empresa que desde hace más de tres décadas entiende el servicio como una extensión del concepto culinario y del relato que cada restaurante u hotel busca contar.

El diseño como experiencia emocional

Para Klip, arte en la mesa es una construcción integral: “Es toda una experiencia redonda que construye un lenguaje no verbal”. Una idea que va más allá de la estética: se trata de cómo un espacio hace sentir al comensal. “Hay lugares donde no comes extraordinario, pero te sientes tan bien, que regresas. Y otros donde comes increíble, pero algo no termina de encajar”.



Ese “algo” suele encontrarse en los detalles. En el peso del cubierto, en la temperatura del vidrio, en el borde del plato, en la forma en que la luz se refleja sobre una superficie mate o esmaltada. El diseño actúa como un mediador silencioso entre la cocina y el consumidor. No se impone, acompaña; no roba protagonismo, sostiene la narrativa.

La evolución del servicio de mesa ha sido paralela a la transformación de la gastronomía misma. Primero, la uniformidad: platos blancos idénticos, pensados para desaparecer detrás del alimento. Luego, la geometría: platos cuadrados, líneas rectas, una modernidad incipiente. Más tarde, la experimentación: formas orgánicas, piezas artesanales, decoraciones visibles. Actualmente se vive un momento de libertad casi absoluta: “Ahora el platillo define el plato. Puede haber uno para el ceviche, otro para la carne y otro para la sopa. El reto es que todo tenga armonía”, explica Klip.

ProEpta y el arte contemporáneo de servir
La elección de la vajilla, la cristalería y la cubertería influye en la percepción del comensal incluso antes del primer bocado. | Foto: Juan Pablo Espinosa

Encontrar sentido en un mar de opciones

Responder a ese caos creativo requiere experiencia y criterio. ProEpta trabaja con más de 25 mil alternativas distintas y su labor no consiste solo en venderlas, sino en ayudar a elegir. “Hacemos pruebas, acompañamos a nuestros clientes, buscamos que cada elemento conecte con su concepto y con su comensal”, señala. El diseño, aquí, se entiende como una herramienta estratégica.

Esa visión no surgió de la nada. Tiene raíces profundas en el contexto histórico y económico de México.

Una mesa que se abre al mundo

ProEpta nació a principios de la década de 1990, aún se llamaba Epta, en un momento decisivo para el país. México acababa de incorporarse al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), abriendo su economía tras décadas de proteccionismo. “Hasta entonces, el mercado estaba dominado por la oferta, no por la demanda”, recuerda Klip. Había una sola fábrica de vajillas, una de cristalería y apenas un par de opciones en cubertería. El resultado era un servicio homogéneo, poco diferenciado.

“Podías ver la misma vajilla en un hotel de lujo y en una fonda”, dice. Para quien entiende la importancia del servicio, esa uniformidad representaba una oportunidad. Contar con la posibilidad de distribuir porcelana japonesa —más delgada, resistente y elegante— marcó un antes y un después. Pero hubo otro factor clave: el inventario. “No solo teníamos un mejor producto, garantizábamos entrega inmediata”, subraya.

Ese momento coincidió con el despertar pau- latino de la gastronomía y la hotelería en México. En la década de 1990 y principios del nuevo milenio, el sector aún era incipiente. “Mientras en Perú ya tenían figuras como Gastón Acurio, en México la escena estaba dominada por chefs franceses. Nos tomó tiempo encontrar nuestra voz”. Cuando eso comenzó a suceder, el diseño se volvió una herramienta para expresar identidad.

Opciones, identidad y personalización

ProEpta importa productos de cerca de 40 países y desarrolla colecciones propias desde su departamento de marketing y producto. “Nos inspiramos en viajes, en nuestros proveedores, en tendencias internacionales, pero también en las necesidades reales de nuestros clientes”.

La empresa opera con bodegas en Ciudad de México, Cancún, Monterrey, Vallarta y Los Cabos, priorizando la velocidad de respuesta. “Le damos servicio a la industria del servicio”, resume. Esa lógica se extiende a su filosofía de marcas: trabajar únicamente con fábricas que garanticen calidad, continuidad y solidez.

“Si ProEpta tuviera un significado, sería opciones”, afirma Klip: opciones para que cada proyecto construya una personalidad propia, única e irrepetible. “Todos los restaurantes y hoteles del mundo buscan ser diferentes. La mesa es una de las formas más claras de decir quién eres”.

ProEpta y el arte contemporáneo de servir
Para Jacobo Klip, la mesa comunica antes que la cocina: cada pieza contribuye a construir una experiencia gastronómica coherente. | Foto: Juan Pablo Espinosa

Diseño con responsabilidad

El diseño, para ProEpta, también implica responsabilidad social. A través de iniciativas como PDMX (Producto de México) buscaron integrar artesanía nacional al canal profesional, apoyando a pequeños productores que no siempre tienen la escala o el financiamiento para trabajar con hoteles y restaurantes. “El diseño mexicano merece ser valorado”.

Tras su adquisición por el grupo británico BUNZL, en 2013, ProEpta fortaleció sus procesos, certificaciones y códigos de ética. “No puedo trabajar con proveedores que no garanticen prácticas responsables”, afirma. Este enfoque fue avalado en 2025 con la certificación Great Place to Work®.

Tendencias: personalización y equilibrio

En términos de tendencias, se vive un regreso a la identidad explícita. “Está volviendo el logotipo en la vajilla como gesto de pertenencia y diferenciación. En Europa, incluso, comienza a verse la personalización en vasos. A esto se suma la impresión digital —especialmente desde Turquía— y el creciente protagonismo del metal”, comenta Jacobo Klip.

Sin embargo, hay una constante que no cambia: la funcionalidad. “El diseño sin funcionalidad no es profesional”, sentencia Klip. El verdadero reto está en encontrar el equilibrio entre estética, durabilidad y uso intensivo. “Hay piezas muy bonitas que no están hechas para el servicio profesional. Y eso, a la larga, se nota”.

Una visión 360°

ProEpta ha ampliado su oferta hacia una visión integral: equipamiento de cocina, productos para habitaciones, amenities y soluciones sostenibles como envases rellenables, una tendencia que se consolidó tras la pandemia. “El diseño también responde a nuevas formas de entender la hospitalidad”, explica Klip.

Actualmente, la empresa continúa expandiéndose con la misma premisa que la vio nacer: entender la mesa como un lenguaje. Uno que no se grita, pero se percibe. Porque en la experiencia gastronómica contemporánea, cada objeto comunica. Y en ese diálogo silencioso, el diseño es quien abre la conversación.

ProEpta y el arte contemporáneo de servir
Materiales, formas y acabados construyen un lenguaje visual que acompaña el discurso culinario. | Foto: Juan Pablo Espinosa

ProEpta The Store

Galileo 11, Polanco, Miguel Hidalgo, 11560, CDMX.

@propeptahc

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