
Dentro del universo de Rosi La Loca, donde la escenografía y la experiencia siempre juegan un papel clave, Lovo Bar representa su versión más centrada en la coctelería de autor. Alma nocturna y ese discurso líquido que tanto está de moda en la escena actual.
Primero la musa
La inspiración del proyecto gira en torno a Josephine Baker, una de las grandes figuras del siglo XX: icono de los años 20 y símbolo de libertad. Una artista que convirtió su vida en un manifiesto de mezcla cultural y ruptura de normas. Su trayectoria —marcada por esa búsqueda de diversidad y una idea muy personal de comunidad— ha servido para construir, paso a paso, el discurso del proyecto. Baker adoptó doce niños de distintas partes del mundo, su propia “Tribu Arcoíris”, un gesto que hoy resuena directamente en el concepto de la nueva carta.
Y lo hace poniendo el foco en la pertenencia. En lo que significa formar parte de algo sin perder la diferencia. Ese concepto se traslada de forma tangible desde el primer momento. La carta no se presenta como un simple listado, sino como un libro cuidadosamente editado, con imágenes y relatos que acompañan cada cóctel. Un objeto de colección, que introduce al cliente en ese universo antes incluso de probar el primer trago.

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Fran Lola y la construcción de un lenguaje propio
Detrás de todo está Fran Lola, director de I+D, responsable de bebidas y cofundador de Lovo, con una trayectoria que arranca en Londres a principios de los 2000 y que le ha llevado a trabajar entre barras, consultoría y grandes proyectos internacionales. De origen multicultural y con una carrera construida entre Reino Unido y España, su perfil combina formación técnica, experiencia global y una manera muy personal de entender la hospitalidad.

Fran no se limita a crear mezclas. Construye un lenguaje que define cómo se cuenta cada historia en líquido. Un enfoque que conecta con esa nueva generación de coctelería que entiende el bar como un espacio cultural, donde técnica, relato y experiencia conviven de forma natural. Y sabe contar muy bien.
Su trabajo parte de una base técnica sólida —maceraciones, redestilaciones, desarrollo de licores propios, uso de enzimas—, pero evita que ese conocimiento se imponga. Aparece cuando tiene que aparecer. Nunca antes.
En Tribu, esa forma de trabajar se traduce en una carta estructurada en tres bloques.
Por un lado, Tribu, donde los cócteles rinden homenaje a comunidades concretas, como el Manabí, inspirado en Ecuador, con ron, piña centrifugada, tomate de árbol o coco.
Por otro, Animal Totem, que explora el imaginario del lobo —símbolo del proyecto— en diálogo con otras criaturas nocturnas. Aquí aparecen propuestas como Oso Polar, más fresca y herbal, o Negarai, con un perfil más especiado y envolvente.
Y finalmente, Lovo Bar Tribe, una sección que conecta el proyecto con la escena internacional, incorporando creaciones firmadas por bares de referencia como Handshake Speakeasy o Employees Only.
A esto se suman cócteles como Maori, ligero y cítrico con notas de matcha, Nanuq, más vegetal, o Samurái, donde el whisky se combina con miso, nori o soja en un equilibrio especialmente afinado.

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FULL MOON, la experiencia que transforma el espacio
La carta define el proyecto, FULL MOON lo lleva a otro nivel. La experiencia, que requiere reserva previa y cuesta 75 €, se celebra únicamente en noches de luna llena y tiene lugar en La Cueva, la planta inferior del local. Un espacio más oscuro, más íntimo, donde todo se concentra.
El formato es claro: una cena para un grupo reducido en la que se suceden pequeños cócteles maridados con bocados creativos. Cada pase está pensado para dialogar con el anterior, generando una progresión que avanza desde perfiles más frescos hacia otros más profundos y complejos.

El ritmo es cuidado, sin interrupciones innecesarias. El equipo acompaña, explica lo justo y deja que la experiencia se desarrolle. Pero aquí ocurre algo más.
Antes de la cena se pueden interpelar a tarotistas que ofrecen una lectura introspectiva a los asistentes. No se plantea como un espectáculo, sino como una capa adicional dentro de la experiencia. Un momento de pausa, de exoterismo, que encaja con el ambiente y refuerza esa sensación de estar viviendo algo distinto. El resultado es una noche que combina coctelería, gastronomía y una dimensión más sensorial.







