Las carreras del Grand Prix de la F1, como muchos otros deportes, están llena de rituales. Desde las supersticiones que tienen algunos pilotos – como usar zapatos distintos, rasurarse el día de la carrera o entrar por un lado específico del automóvil – hasta algunos que quizás comenzaron como accidente pero hoy día son una tradición que forma parte de la carrera.

Específicamente nos referimos a la de rociar champaña sobre el equipo ganador. Porque si hay un tema sobre el cual tenemos un interés particular respecto a la la F1 es, por supuesto, la champaña.

La relación entre el Grand Prix y la bebida espumosa inició en 1950, cuando la primer carrera de este tipo se llevó a cabo en el circuito Gueux en Reims – región de Champagne conocida por sus viñedos. Debido a los rasgos particulares de la zona, resultó obvio obsequiar una botella de champaña al ganador.

Pero la rociada de la victoria en realidad sucedió por primera vez una década después y es una tradición que inició por accidente cuando el piloto Jo Siffert ganó el 24 horas de Le Mans en 1966.

Champagne F1

Al abrir la botella, que había estado mucho tiempo bajo los rayos del sol resultando en un exceso de presión en el interior, salpicó accidentalmente a los espectadores.

El ganador del siguiente año, Dan Gurney decidió copiar deliberadamente el gesto, agitando la botella y salpicando a su equipo tras la victoria, y así nació la tradición.

Y aunque originalmente se trató de una botella magnum de Moet & Chandon, los ganadores de la Fórmula 1 no solo han aumentado el tamaño a una Jeroboam (de 3 litros), también han pasado por varias marcas de champaña e incluso un vino espumoso.