Ha llegado ese momento del año en el que todos nos queremos cuidar, queremos comer mejor, consumir más fibra y menos carbohidratos, para ponernos en forma. Pero antes de todo esto, la Rosca de Reyes, el último (¿o primer?) evento que marca la temporada de fiesta navideñas.

Para muchos de nosotros es tradición, un pretexto para reunirnos en familia y cortar la rosca por turnos para ver a quien le toca el Niño Dios – lo que deriva en quien pondrá la casa, los tamales y el atole para el 2 de febrero – mientras tomamos chocolate caliente.

Como la mayoría de las tradiciones, las seguimos porque es lo que nos enseña la sociedad, la familia – casi siempre sin cuestionar su origen, pero es momento de conocer de donde proviene la costumbre de la Rosca de Reyes.

Aunque muchos historiadores difieren al hablar del origen de la Rosca de Reyes, parece ser que se remonta a la antigua Roma, cuando celebraban las fiestas al dios Saturno durante el solsticio de invierno. Durante estos festejos todos eran invitados a comer un pastel hecho con higos, dátiles y miel, dentro del pastel había una haba seca en el interior, la persona a la que le tocara era nombrado rey de reyes durante un periodo de tiempo.

Con la llegada del cristianismo se intentó suprimir la tradición, ya que era considerada pagana y se empalmaba con la Navidad, pero la gente siguió practicándola hasta que la iglesia decidió adoptarla.

Cambiaron su fecha al 6 de enero para que coincidiera con la llegada de los Reyes Magos y alteró la forma del pastel a una rosca que simbolizaba la infinidad del amor de Dios, los frutos las joyas de la corona y el Niño Dios escondido hace alusión a la leyenda de cuando Herodes quería matarlo y tuvieron que esconderlo.

Bastante se ha alterado la tradición a la fecha, pero estos fueron sus inicios. En México adoptamos la costumbre tras la colonización de los españoles, pero muchos otros países tienen su propia versión, por ejemplo en Francia está la Gallete des Rois, en EUA el King’s Cake y en Portugal el Bolo Rei.