
Frituur es el bistró belga-holandés que ha logrado consolidar una propuesta de nicho en el corazón de la Condesa. En una Ciudad de México que transforma su panorama gastronómico constantemente, este restaurante destaca por traer la tradición europea de los frituurs a la CDMX, adaptándola con una lectura contemporánea y cercana al paladar local. Detrás de este proyecto en la calle de Campeche están Gypsy Lara y Glenn Van Damme, quienes transformaron la esencia de las “taquerías” de Bélgica y Holanda en un espacio relajado donde conviven ingredientes importados, técnica artesanal y nuevos códigos de sabor.
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De un food truck de poffertjes a un bistró europeo.
El proyecto no comenzó como restaurante. Antes de tener un local, Glenn y Gypsy vendían poffertjes —pequeños hotcakes holandeses— en bazares y mercaditos, hasta que en 2019 dieron el salto a un food truck llamado El Panchito. La pandemia cambió el rumbo, pero también fue el momento en que desarrollaron el concepto que daría vida a Frituur: snacks típicos de Bélgica y Holanda, especialmente frituras.

Tras varios meses buscando un espacio, el restaurante abrió en mayo de 2022. Desde entonces, ha evolucionado: primero con desayunos —hoy uno de sus momentos más fuertes— y después con una carta más amplia que incluye platos más elaborados para comida y cena.
El secreto de las mejores papas fritas de la CDMX.
Si hay un elemento que define a Frituur, son sus papas fritas. No es casualidad. Provienen de una región específica en la frontera entre Bélgica y Holanda, donde el tipo de suelo produce papas con alto contenido de almidón y baja humedad, ideales para freír.
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Técnica de doble cocción y origen europeo.
La técnica también es clave: se cocinan dos veces. Primero a baja temperatura para cocer el interior y luego a alta temperatura para lograr una textura crujiente por fuera y suave por dentro. El resultado es un producto que, por sí solo, justifica la visita.
A esto se suma una selección de cervezas belgas cuidadosamente elegidas, así como quesos y chocolates importados, que refuerzan la identidad del lugar sin volverla rígida.

El menú de Frituur: Waffles, Stoofvlees y toques mexicanos.
Aunque su base es belga-holandesa, la carta de Frituur no se limita. Hay influencias mexicanas, asiáticas y de otras cocinas que dialogan sin perder coherencia. Todo se elabora de manera artesanal: desde las croquetas hasta los waffles.
Entre los favoritos están los huevos benedictinos y los waffles para el desayuno, mientras que por la tarde aparecen platos como la currywurst, las steak frites o el stoofvlees parmentier, un estofado de res cocinado en cerveza belga y gratinado con puré de papa.
De manera personal, hay combinaciones que destacan por su frescura dentro del concepto: las coles de Bruselas con mayonesa japonesa son un ejemplo claro de cómo el restaurante se permite jugar con influencias sin perder identidad. Y aunque la oferta carnívora es amplia, también hay opciones que se adaptan a quienes prefieren una dieta más ligera o pescetariana.

Frituur, un lugar que se construye desde la cercanía
Más allá de la cocina, uno de los pilares de Frituur es el servicio: cálido, informal y pensado para que cualquiera se sienta cómodo. Esa cercanía se refleja en su clientela; gran parte de quienes llegan, regresan, especialmente en desayunos, donde predominan los comensales habituales.
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En una ciudad saturada de propuestas, Frituur encuentra su lugar no solo por lo que sirve, sino por cómo lo hace: con técnica, con memoria y con una apertura que permite que una tradición europea se sienta, de alguna manera, también local.
Frituur
Campeche 276, Hipódromo, CDMX.
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