A todo el mundo le gusta la champán, simplemente porque es la bebida de celebración por excelencia. Pero por esa razón exacta, algunas personas no están seguras de cuándo tomarla. Bodas, graduaciones y vacaciones son opciones obvias. Y si eres Biggie Smalls, cuando tienes sed también califica. ¿Pero, pedir champán en una comida ordinaria es demasiado pretencioso?

Para grandes productores de champán como Moët & Chandon, esta pregunta es más que solo imagen: mover más champán aumenta sus ganancias. Así que, claramente, le corresponde a la marca recordarles a los consumidores que no es necesario esperar hasta su aniversario de oro para sacar una botella de Brut.

En ese sentido, Marie-Christine Osselin, gerente de comunicación y calidad del vino de Moët & Chandon, recientemente le dijo a The Drinks Business que uno de los mejores maridajes posibles es una de las guarniciones más comunes del planeta: las papas a la francesa.

Según Osselin, la acidez y las burbujas del champán son un excelente complemento para lo salado y crujiente de las papas fritas. De hecho, independientemente de si se trata de fine dinning o no, Osselin insiste que la simplicidad es la clave.

“La champÁN es un vino que pide ingredientes simples, no más de tres.”

Por supuesto, es fácil ser escéptico: si estuvieras tratando de mover botellas de vino de $50 USD, probablemente dirías que combinan bien con todo. Pero el editor/gurú del vino de Food & Wine, Ray Isle, está totalmente de acuerdo con la afirmación de Osselin. “He estado diciendo esto durante años, al igual que muchos, sommeliers”, explica.

“Básicamente, la sal y la grasa mas el ácido y burbujas son igual a un gran combo”, continuó Isle, dando a la champán y las papas fritas el tratamiento matemático.