Persiguiendo el olor de los puestos de flores, camino por la colonia Condesa en la Ciudad de México, donde el aroma de café me distrae y me lleva a sentarme en una mesa al borde de la calle, donde la amabilidad de un mesero me da la confianza para pedirle un sencillo café latte que hará de pausa en mi recorrido hacia mi meta floral de la mañana de martes. 

También puedes leer: Bitácora del Paladar: Maizajo, el taco democrático

La dirección de Atlixco 127, en donde se ubica el restaurante Malcriado me traslada hacia atrás en el tiempo, donde la peluquería de la esquina me sigue observando y el barrio que envuelve a todo aquel que llega le otorga a este espacio la calidez de una sencilla arquitectura donde destacan los platos, los meseros de uniforme verde y una cocinera reflejo de la multicultural zona, que hace de lo sencillo de un plato, la huella permanente en el paladar.

Bitácora del Paladar: Malcriado y los platos para no escapar de la ciudad
Foto: Cortesía

 Valeria Velásquez es la chef del lugar. Es joven, elegante y de hablar franco. Su cocina es el reflejo de su respiración y de las pausas con las que comparte ideas. En el menú de desayunos elaboró un plato llamado Fruta Malcriada que no es más que una exquisita contradicción del bautizo del plato. Los gajos de naranja, la dulce miel que eleva los sabores de la manzana o la pera, el aceite de olivo y la hoja de menta, nos lleva a respirar con celeridad por este plato bien ejecutado, donde la fruta bien criada, cumple con la exigencia de los paladares cercanos al hogar del pasado reciente. 

También puedes leer: Bitácora del paladar: Esta pudo haber sido una lista más

El que escribe, guarda distancia con los chilaquiles. Este plato siempre ha carecido de emoción en mi vida y su ejecución, en la mayoría de los espacios donde desayuno, me llena de flojera al comer. Sin embargo Valeria hizo algo que contradice el arraigo negativo de mi paladar ante este plato. Los chilaquiles de Malcriado son buenos. La salsa guarda ese sabor que atrae al cliente de resaca o de quién gusta despertar con sabores fuertes al comenzar el día. El pan francés es de enorme calidad y para un desayuno deseoso de energía este plato es la inyección de vitalidad que uno requiere. Pero Malcriado no solo es desayuno y fresca mañana, hay mas horas para comer en este lugar.

Bitácora del Paladar: Malcriado y los platos para no escapar de la ciudad
Foto: Cortesía

A medio día, uno puede disfrutar de un pan tomate con espadín o un escabeche de mejillones como entrada. Las sardinas de perejil y limón son un plato de grata sencillez, cuya única complicación será el compartirlo en la mesa con el invitado que te acompañe. La ensalada de hinojo y arúgula es fresca y desaparece del plato con facilidad. La velocidad con la que uno la puede comer va ligada al fresco sabor que acaricia el alma y al buen producto que te lleva a devorarla. Y si de probar platos que no compartirías se trata, basta con  pedir la trucha ahumada cuyo sabor y cocción marca una diferencia en la zona gastronómica de la ciudad. 

También puedes leer: Bitácora del paladar: El mar de Nuevo León

En Malcriado tienen bebidas y les llaman coquetas, entre ellas destaca una a la que le llaman Carolina y que se compone de Cold brew, tónica, miel y lavanda. En Malcriado he llagado a probar vinos pero me reservo cualquier comentario al respecto, ya que sigo huyendo con velocidad a los maridajes de vinos naturales, orgánicos o raros. 

Bitácora del Paladar: Malcriado y los platos para no escapar de la ciudad
Foto: Cortesía

Este espacio gastronómico de barrio, tiene una fuerte afluencia de comensales durante todo el día. Aquí se siente la amabilidad de una zona de la ciudad que vive una sobre población de cafés y bares de estilo relajado. Malcriado bajo la batuta de Valeria tiene un ADN impregnado de sabores básicos que elevan una comida por su sabor. La carta es pequeña y no creo que estén buscando competir con nadie. La calle donde habitan pareciera solo para ellos, sin embargo no es así. Tienen vecinos con otros conceptos que enriquecen la zona, sin embargo los detalles que aún le fallan a Malcriado podrían encaminarlos a crecer o a estancarse. Hay que corregir el servicio de los meseros ya que una buena atención se pierde con las distracciones o las pláticas en grupo en la puerta del restaurante. Los huevos de los chilaquiles han de ser mejorados. El término huevos tiernos se debe de ejecutar bien pese a que este. restaurante sea un Malcriado en el nombre y un educado en la mayoría de los platos que consienten al paladar.

Sigue al autor: @betoballesteros  

Síguenos en: Facebook / Twitter / Instagram / TikTok / Pinterest / Youtube