Cuando sales del elevador que te lleva a Villa Azur, lo primero que se ve es un candil hecho con copas de cristal, que cuelga sobre un salón con colores neutros, fotografías en blanco y negro de John Lennon, Mick Jagger y Audrey Hepburn. Hay piezas intervenidas con LEDs, vitrinas con botellas en exhibición y mucha vegetación que combina con la gama de tonos grises del lugar.

Villa Azur
Villa Azur

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Villa Azur es un concepto originario de Miami que llega a la Ciudad de México bajo la batuta del chef Hernán Griccini. Para crear el menú, hizo un mix de la cocina mediterránea de Francia con toques mexicanos como el pipián, las setas y el mole de cacahuate.

Las entradas más populares son la Saku Tuna Tartare con un crocante de papa, crema de hierbas, germinados, rábano sandía y emulsión de aguacate y el Not Crab Cake hecho con masa de fideo frito, relleno de coliflor, coco y remoulade de aguacate.

Para los platos fuertes, están los ravioles de Romans que van sobre una salsa trufada y láminas de trufa fresca que rebanan en tu lugar. La comida es en general cumplidora, pero no hay una propuesta innovadora. Es un menú lleno de crowdpleasers con buenos ingredientes que si bien te quitan el antojo, definitivamente no te cambian la vida.

ravioles, ravioles con trufa laminada
Villa Azur

¿Y para tomar? La carta de cocteles está inspirada en íconos musicales como Marilyn Monroe, Janis Joplin, Prince y Jim Morrison. Aparte de que mes con mes crean uno diferente. El que yo ordené fue Barry White, una bebida hecha con tequila, té de rooibos nirvana, carbón activado, maracuyá, jugo de piña y limón. Un trago atractivo pero que no repetiría pues he tenido otros encuentros desafortunados con el tequila.

Y por las noches, Villa Azur se transforma en una fiesta. Bailarinas, DJs, música y humo toman el lugar para convertirlo en una celebración llena de chispas y copas chocando. Es un buen plan para los que buscan un restaurante de fiesta, o un lugar para tomar unos cuantos tragos antes de salir.