En Tulum hay aproximadamente 280 restaurantes que van de pizzas a la leña, tacos de pescado, hamburguesas, acai bowls y frozen yogurt, hasta frappés de matcha. Aquí no hablaremos de ellos, sino de una triada que verdaderamente nos conquistó, porque saca al comensal de su zona de confort y hace que la cocina trascienda el antojo y, por último, porque ofrece experiencias multisensoriales.
Lo que tienen en común es una personalidad que no decepciona al comensal más aventurero y una buena historia que, enmarcada por los manglares y el mar de color turquesa, los convierte en una parada obligada.

Fuera de la zona de confort: Ka’an

A este restaurante llega quien verdaderamente quiere. No es el chiringuito de la playa con menos fila, ni un lugar de nachos y guacamole. Para llegar a Ka’an hay que pasar el arco de Sian Ka’an y adentrarse 3 kilómetros hacia la reserva, en un terreno selvático con lodo, baches y piedras, donde las iguanas tienen la preferencia en el camino. Después de la travesía, los comensales llegan a una maravillosa instalación a la orilla de la playa hecha con materiales biodegradables bajo la dirección de Alejandro Dacosta.

Una publicación compartida por Ka’an (@kaan__tulum) el

El restaurante, originalmente concebido como un pop up de 4 meses, ofrece un servicio a la altura de un fine dining, en un contexto diferente. Por ejemplo, la cocina está a la intemperie por lo que los cocineros deben adaptarse a los climas, a las temperaturas y a la conservación de los ingredientes.
Entre semana se puede pedir el menú degustación que se elabora con ingredientes cazados y recolectados en los alrededores de la península. Los domingos, en cambio, existe
la alternativa de all you can pib (el producto de caza elegido por comensal se mete al pib y se acompaña con varios vegetales).
Hugo Durán es la mente maestra y chef ejecutivo del lugar. Él comenzó su carrera como artista plástico, pero su pasión por la cocina lo acercó más a las sartenes y a las cazuelas que a los museos y, después de diversas colaboraciones con Jair Téllez, se entregó al reto de cocinar. Ahora Hugo sirve platillos que crea a partir de sus viajes semanales a Valladolid, donde encuentra los productos de temporada en el mercado.
El restaurante inició operaciones en octubre de 2017, por lo que falta pulir un poco el servicio. El tema de la rotación de meseros en esta zona es particularmente complicado, pero quienes llevan tiempo trabajando ahí, están sumamente comprometidos con el proyecto y se nota –los cocineros viven en tiendas de campaña instaladas alrededor del lugar –.
A Ka’an es difícil clasificarlo como restaurante, pues es un espacio enclavado en la naturaleza donde se puede pasar la mañana y la tarde leyendo bajo la sombra de una palmera
y al atardecer, disfrutando del menú degustación de Hugo y sus muchachos.

Hedonismo absoluto: Arca

El chef ejecutivo de Arca, José Luis Hinostroza, vive uno de los mejores momentos de su carrera. Es justamente ahora que goza de un balance entre juventud y madurez, cuando sabe que si un restaurante mexicano no tiene impacto global, no funciona. Pero también es lo suficientemente joven como para emocionarse, para soñar y hablar de sus proyectos con la misma ilusión que un niño habla de lo que le va a traer Santa Claus.
Sabe cuáles son los crowd pleasers, pero también cómo darles la vuelta y hacerlos completamente suyos. Hinostroza es fiel a sus raíces, como lo muestra en sus tacos de jaiba con los que le rinde homenaje a la Tijuana que visitaba constantemente de pequeño. Muestra su destreza como cocinero al servir un ceviche sin cítricos (que según dice, podría desayunar, comer y cenar) en el que reemplaza la acidez del limón con xoconostle. El platillo más popular es el tuétano, que lleva en carbón hasta la mesa acompaño de un pan sourdough y mantequilla de productores locales.

Una publicación compartida por ARCA (@arcatulum) el

La ambientación de Arca es muy similar a la de otros restaurantes de Tulum. Todo a la luz de las velas entre palmeras y bajo las estrellas. El diseño es simple y pulcro y vale la pena reservar temprano para disfrutarlo.
José Luis dice que si lo que él sirve no sabe mejor que los tacos de birria de la esquina de su casa, nada tiene sentido. Él nació en San Diego y a pesar de haber trabajado codo a codo con René Redzepi en Noma, dice que su paladar en realidad se formó comiendo tacos en las calles de Tijuana junto a su papá. Y es gracias a esta magnífica combinación de conocimiento y sazón, que hoy está al mando de un restaurante que siempre surge en la conversación cuando la gente pregunta: ¿has ido a Tulum últimamente?

También te puede interesar: Los mejores juguetes acuáticos para el verano

Magia visual: Kin Toh

Kin Toh es el rey de Instagram en Tulum. Es un punto de encuentro entre el lujo y la jungla donde los sentidos están alerta. La experiencia entra primero por la vista, con una arquitectura que simula un árbol gigante, pero poco a poco se adueña del oído con el crujido de la madera; por el olfato, con los aromas que escapan de la cocina y que se combinan con los de la selva y el mar; por el tacto, con las texturas que habitan en la casa del árbol y finalmente por el gusto, cuando el primer bocado aterriza en la boca.
La cocina está a cargo del chef Paolo Della Corte, un italiano enamorado de México, que plasma una cocina mexicana de ingredientes frescos, en su mayoría orgánicos y locales. Su juego se centra en la combinación de texturas, sabores y temperaturas. El chef trabajó con grandes cocineros de los que aprendió la técnica que refleja en sus platillos y que complementa con el mismo rigor estético que tiene su restaurante.
Entrar en Kin Toh es como adentrarte en un árbol gigante. La recepción del lugar, el bar y algunas de las mesas son como el tronco y las ramas. En los extremos y al aire libre hay mesas instaladas en una especie de nidos gigantes (literalmente) desde donde es posible disfrutar las vistas de la selva y los fabulosos atardeceres de Tulum.

Una publicación compartida por Kin | Toh (@kintohtulum) el

Para vivir la experiencia en Kin Toh hay tres opciones: la primera es sentarse en los nidos a cenar, olvidarse de la comida y dejarse conquistar por la vista. La segunda es tomar una copa en un nido “compartido” como aperitivo, antes de pasar a cenar a la mesa; y la última, pedir una degustación de tacos y mezcal en la zona del bar.
En Kin Toh se aprovecha el maravilloso entorno natural como en ningún otro lugar de Tulum. De ahí que la comida de Kin Toh pueda competir con la experiencia visual aunque, por supuesto, la cocina de Della Corte le da una buena batalla.

También te puede interesar: Zoa el hotel secreto