Los panes rellenos son el pretexto perfecto para entrarle con ganas

Si un simple trozo de pan significa felicidad inmediata, un bollo que su interior alberga fruta, queso, chocolate o crema pastelera, es un verdadero éxtasis.

junio 4, 2021

Los panes rellenos son el pretexto perfecto para entrarle con ganas

Foto: Juan Pablo Espinosa

Ya lo decía Steven Aitchinson, creador de meditaciones guiadas: “La belleza exterior captura los ojos pero el interior conquista el corazón”. 

La superposición cuántica de los panes rellenos es un cuento de nunca acabar. Permítanme poner un ejemplo: Si a un bollo lo rellenas y lo fríes en aceite ¡kaboom!, es una berlinesa. Pero si ese bollo se hace a partir de dos medios bizcochos, que se unen con mermelada y se cubren con azúcar glass, tienes en tus manos un beso. Sin embargo, si la pieza va rellena de piña y su tamaño es compacto y su costra es más firme, similar a la de un pay, se denomina cubilete. Ahora bien, si su tamaño es todavía más pequeño, se hace con pasta de hojaldre y se abarrota de queso, acabas de hacer es un tuti. Uno de los panes más típicos de Mérida. Aguarda un momento, si optas por un centro de mazapán de almendra, ¡pow! tienes un postre árabe conocido como fardelejos.

¿Quieres un panecillo con pasta choux? ¡Voilà! Habemus profiteroles que se pueden rellenar de caramelo, jarabe o chantilly. Y si se prepara un pan capas de mantequilla y por dentro se atiborra de chocolate, ¡pum! tienes un chocolatín. Pero ojo, si su forma adapta la figura de un cuernito relleno de dulce de leche, ¡tarán! es un bigote.  Si la masa es más dulce y plana en forma de rombo o rehilete, señores, obtenemos un danés o wienerbrød. Finalmente y para justificar el argumento, si el pan se cocina al vapor y el centro sostiene carne molida y vegetales el resultado es un bao. Si en el interior hay caldo entonces es un xiaolongbao. Así podríamos seguir hasta cansarnos. 

Sea cual sea su nombre, la sorpresa que esconde la harina, con los huevos, la sal, el azúcar, la levadura y la mantequilla es un imán que invita a entrarle con ganas; a usar las manos sin temor a ensuciarse y a llevarse a los labios una buena dosis de gozo, aunque siempre hay que buscar un balance entre la sal, acidez, dulzura, suavidad y firmeza.

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Los panes rellenos

DULCES: frambuesa con pimienta rosa, crema de café, nata de cardamomo, limón amarillo, betún de mamey, crema inglesa, salsa de avellana, reducción de cítricos, mermelada de manzana con canela, chocolate amargo.

SALADOS: queso crema, carne molida, cerdo con salsa hoisin, pollo agridulce, setas al ajillo, espinaca a la crema, atún a la gallega, brie con chipotle.

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